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A pocos días de conocer el nombre del nuevo presidente, debemos tener presente que el derecho a la democracia no se limita al voto, sino que exige el deber de participar haciendo control social. Para ello, es relevante recordar quiénes somos, qué entrega el actual gobierno y definir cuál será nuestro involucramiento para avanzar como país.

Elegir un mandatario no significa entregar el país para volver a recogerlo en 4 años, con un nuevo proceso electoral. En el acto de votar no se endosa la responsabilidad de ser veedores permanentes de las decisiones y acciones del gobierno de turno, pues todos formamos parte del Estado, lo conformamos 50 millones de colombianos, somos el segundo país con mayor población de Suramérica después de Brasil.

Recordemos que tenemos 1.142 millones de Km² de territorio; que el país no son solo ciudades; en área somos más rurales que urbanos; somos el segundo país más biodiverso del mundo y albergamos a 84 etnias indígenas; esto es lo que debemos proteger, respetar y hacer respetar.

Vivimos en una era donde afortunadamente la información es más pública, de fácil acceso y con facilidades de compartir. Por ello debemos ser vigías activos de lo que ocurre no solo en el centro del país, sino también ser sensibles y solidarios con las realidades de todo el territorio. Que la efervescencia que se está viviendo en la época electoral se redireccione ahora a ser vigías y garantes del país que se quiere seguir construyendo.

No se inicia la construcción de un país desde cero, se recibe una Colombia diferente, con avances significativos que no se pueden desconocer porque son hechos visibles y contundentes.

El actual gobierno entrega avances significativos en todos los 16 objetivos de Desarrollo Sostenible de la agenda global 2030, por mencionar algunos: en el año 2010 el índice de pobreza multidimensional era del 30,4% y ahora es del 17,8%; la tasa de formalidad laboral en el 2009 era del 46,7% y hoy es del 52%; los ecosistemas protegidos en el 2010 era de 13.643 miles de hectáreas y hoy 25.914 miles de hectáreas; la tasa de homicidios en el 2009 era de 35,2 y en el 2018 es del 23, es decir, se salvan cerca de 3.300 personas más cada año.

Estas cifras comparativas de lo que se recibió del anterior mandato y lo que entrega el actual presidente evidencian que se ha avanzado, las cifras no mienten y las vidas que se han salvado son muchas. El actual mandatario entrega un nuevo valor de la vida, el cual debemos salvaguardar y seguir protegiendo.

Ahora la responsabilidad está en fijar un nuevo estilo de involucramiento como colombianos. Para ello nos podemos orientar con la propuesta de Lederach “Imaginación Moral”, que es la capacidad de dar a luz algo nuevo que puede cambiar nuestro mundo y la forma como observamos las cosas, es materializar posibilidades que no son imaginables en la actualidad, pero que son viables si se construyen en conjunto por un bien común.

El camino de la imaginación moral implica arriesgarse a descubrir y a reconocer que se puede vivir en paz, al ser creativos e innovadores para replantear nuevos contextos y abrirse a nuevas posibilidades, exige tener conciencia de las relaciones y con ello suspender juicios de valor, favorecer la búsqueda de acuerdos para disminuir la polarización. Es imaginarnos una Colombia en un marco moral de respeto y solidaridad. No es utopía, es un camino por recorrer que permite salir de las trincheras, para construir un país donde quepamos todos.

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