Analistas 31/07/2020

El gas natural que necesita la demanda

El gas natural es un energético moderno relativamente importante en nuestra matriz de oferta de energéticos para la demanda final, quiere decir no como recurso para generación térmica para producir electricidad, sino como demanda final de usuarios residenciales, comerciales e industriales, para procesos de calentamiento, cocción, calefacción, calor útil en calderas, equipos de secado, etc. Vale decir que el gas natural también se usa masivamente como materia prima para refinerías y, sobre todo, para reinyección en la producción de petróleo en los campos asociados que tienen crudo y gas, cuyo uso no está en las cuentas de los balances energéticos del país. Nosotros, la demanda no térmica en el país, consumimos cerca de 80% del total diario cuando se genera electricidad mínima con gas, y bajamos esta participación a cerca de 60% cuando se genera energía eléctrica al máximo con gas (en sequía o bajos embalses).

Como usuarios finales usamos el gas con mucho agrado, pues es eficiente, efectivo, y relativamente limpio; siempre y cuando el abastecimiento sea firme y sostenido y el precio sea competitivo. Sin embargo, más allá de ser usuarios responsables con el medio ambiente, priorizar de donde venga el gas que utilizamos aún no esta en la agenda, ya que en la actualidad no es determinante pues lo esencialmente importante para contar con su abastecimiento, es que esté disponible y a buen precio. Si viene de campos internos en producción, considerado como gas doméstico, debería ser suficiente, ya que se contrata en firme a largo plazo, definido esto por la regulación.

Sin embargo, el acceso a gas competitivo, enfrenta dos amenazas, la distorsión en precios de suministro que causan las tarifas de transporte interno de gas y, segundo, la oferta interna reportada a cuenta gotas. Por esto, para que el mercado de gas funcione, son esenciales dos cosas, evidentes por largo tiempo para los actores del mismo. Primero, que se deje de seccionar el mercado entre oferta conectada y no conectada, y entre el mercado de gas de la Costa y el mercado de gas del Interior, cada uno dominado por una empresa transportadora, donde quedan aislados los campos menores o en pruebas, restringiendo el acceso al mercado internacional; y se fije para corregir esto, una única tarifa de transporte que remunere la infraestructura y la expansión eficientemente, sin privilegiar que oferta se conecta y quien es “dueño” de la capacidad de transporte.

Segundo, claramente se necesita que la oferta se active, y para la demanda de gas no térmica, lo importante es que la oferta responda a un portafolio eficiente, amplio, sostenible, firme, sin importar necesariamente de donde viene ya que la calidad la regula la Creg. Si viene de los campos en producción, si será el producto de la explotación Costa Afuera o de Yacimientos No Convencionales, e incluso, si se optimiza la oferta con conexiones al mercado internacional, tal como lo han soportado casi todos los países del mundo y de la región, lo importante es que sea competitivo.

En Latinoamérica solamente contamos con ocho (8) terminales de Regasificación existentes, y ocho (8) en proyectos en desarrollo, existen en operación en Argentina (2), Chile (2), Brasil (3), e inclusive nosotros con una terminal en Cartagena (1). En América Central y el Caribe se tienen Plantas Regasificadoras en México, Panamá, República Dominicana, Puerto Rico, y una en construcción en El Salvador, sin contar con las de Estados Unidos. Tener claro este panorama es esencial para adoptar las decisiones que se requieren para que el gas destinado a la demanda de generación térmica -que se prevé puede escasear en el año 2023-, este disponible. Y estas decisiones, no son necesariamente desarrollar una planta en el Pacífico con baja viabilidad de conexión en el horizonte previsto pagada por todos los usuarios del país sin la certeza de su entrada oportuna, sino liberar el acceso al transporte, optimizar el uso y la expansión del transporte, y viabilizar todas las fuentes de oferta de manera competitiva.

La demanda industrial de gas, la demanda no térmica de gas, no soportaría incrementos descomunales e ineficientes de precios de suministro y transporte de gas, en momentos en que dada la situación coyuntural del choque de demanda del mercado energético por el covid, limitan la liquidez, impactan la reactivación, y exponen a los procesos de uso de gas a escoger consumir otros energéticos y minimizar el uso de gas, por una visión miope que desequilibraría el mercado.