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Competir con energía

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Con la reciente firma del Protocolo Comercial de la Alianza del Pacífico, nuevamente se abre la discusión acerca de las bondades y la conveniencia de firmar este tipo de acuerdos. Esta controversia se vuelve un tanto inocua ya que no estamos hablando en abstracto de un proyecto, sino de una realidad que tendrá impactos tangibles y ante la cual parece más sensato adaptarse que resistirse, en una especie de Darwinismo económico.

En este punto, el foco de la discusión debe ser: ¿cuál es el mejor camino para que el país aproveche las oportunidades y los beneficios que ofrecen estos tratados? 

Siendo Colombia un país con una inmensa riqueza hídrica, el componente energético debe convertirse en elemento diferenciador y en ventaja competitiva de los industriales locales frente a sus pares del exterior con quienes van competir. En el reciente estudio (septiembre de 2013) Consultoría Sobre la Competitividad en la Cadena de Prestación del Servicio de Energía Eléctrica, generado por el Centro de Estudios en Economía Sistémica (Ecsim), se explora la dinámica del sistema eléctrico colombiano y se compara con una muestra de países dentro de los que se incluyen tres economías latinoamericanas, así como la totalidad de los países miembro de la Ocde.

En el mencionado estudio se evidencia como, para el periodo 2008-2012, el índice de precios de electricidad aumentó en 35% cuando el IPC crece a 14%.  Esto sumado a la  revaluación vivida desde 2009, se convierte en un verdadero reto para mantener la competitividad del sector productivo del país. 

De igual forma se presenta que de la muestra seleccionada (no incluye países del la Ocde), las tarifas de energía eléctrica en Colombia, para usuarios no regulados (donde se encuentra la mayoría del sector manufacturero y comercial), en promedio es el más alto comparado con Brasil, Perú, Estados Unidos, Dinamarca, Suecia, Noruega y Finlandia. 

Con respecto a las conclusiones del estudio quiero centrar la atención  en estas dos que hablan de la necesidad de concretar un espacio de mercado, competitivo, transparente y seguro que asegure la formación de precios eficientes: “en cierto sentido, pues, el mercado de contratos es el problema crucial del sector eléctrico colombiano y sólo su puesta a punto sentará las bases de una mejora visible en la eficiencia del sistema. De ahí la recomendación de centrar el esfuerzo regulatorio en el desarrollo de un mercado de contratos de largo plazo no sólo como mecanismo de cobertura frente a las fluctuaciones del precio de bolsa, como ha sido concebido hasta ahora, sino también como mecanismo para incentivar las nuevas inversiones en generación.”. Y a propósito del examen hecho al Mercado de Energía Mayorista concluye entre otras cosas “falta de estandarización que impide que surja un mercado secundario”

La buena noticia es que este espacio de mercado y un futuro (estandarizado, como lo advierte el estudio) existen desde hace tres años en Colombia y si bien está convirtiéndose en alternativa para el mercado no regulado, mientras el sector eléctrico no lo apropie como suyo, no logrará la profundidad que se requiere.  El principal problema para la real inserción del futuro de electricidad al sistema es el desconocimiento de una realidad que al parecer no es tan evidente para todos: el futuro es perfectamente equivalente al contrato de “suministro” de energía y debe ser reconocido como tal para  todos los efectos. De lograr cambiar este paradigma contaremos con una herramienta de incalculable valor, para los usuarios en formación eficiente de precios y para los agentes como alternativa de gestión.  Competitividad.

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