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Analistas 28/05/2026

Un homenaje a Hugo Chávez

Rodrigo Botero Montoya
Exministro de Hacienda
La República Más

El movimiento político y regional liderado por el comandante Hugo Chávez tuvo una sepultura simbólica el 3 de enero de 2026, cuando fuerzas especiales del ejército americano capturaron a su sucesor, Nicolás Maduro, en Fuerte Tiuna. Como parte inseparable de su legado deja a un país traumatizado, pauperizado y disminuido. Durante los veinticinco años de duración del régimen chavista, Venezuela experimentó una destrucción de riqueza sin precedentes y una pérdida de capital humano descomunal, con la mayor parte de sus intelectuales, técnicos y administradores en el exilio.

Chávez concebía el eje Caracas-Brasilia-Buenos Aires como la clave del liderazgo regional. Deja el eje Cuba, Venezuela y Nicaragua. Se consideraba el segundo libertador de Venezuela. Cultivó un nacionalismo exacerbado, enfrentado al imperio. Deja una nación sometida a Estados Unidos, donde las decisiones importantes se toman por iniciativa del Departamento de Estado. La respuesta a las expresiones de inconformidad fue una represión creciente. Se cumplió el pronóstico del expresidente Carlos Andrés Pérez de que lo que vendría para Venezuela con el gobierno de Hugo Chávez era tiranía y miseria.

Por uno de esos hechos imprevisibles de la historia, uno de los mayores fracasos de Hugo Chávez -el haber intentado dominar a Colombia- está siendo revivido por un gobernante que lo admiraba y quien lo consideraba “un gran estadista latinoamericano”. Habiéndose comprometido a no hacerlo, el proyecto de Gustavo Petro de convocar una asamblea constituyente debe entenderse como un homenaje póstumo a quien fue su mentor y le sirvió de modelo. Adoptar el libreto chavista en Colombia sería el mejor triunfo que podría brindarle, como consuelo por el naufragio de la revolución bolivariana.

A lo que conduciría la asamblea constituyente propuesta sería a adoptar en Colombia una mala copia de lo que produjo tan lamentables resultados en la nación vecina: constitución de bolsillo, reelección indefinida, presidente omnipotente, acumulación de poderes en cabeza del Ejecutivo, economía estatizada, hegemonía comunicacional y eliminación de la independencia del Banco de la República para envilecer la moneda. Como parte de ese esquema, las elecciones dejan de tener significado para convertirse en refrendaciones plebiscitarias del poder del caudillo. Aun si la oposición obtiene una abrumadora mayoría, como ocurrió en unas elecciones presidenciales recientes en Venezuela, el régimen se declara ganador. Esto es algo que conviene tener presente, porque una de las candidaturas presidenciales se identifica con la propuesta de convocar una asamblea constituyente en Colombia.

El autogobierno incluye la posibilidad de equivocarse. Una democracia con credenciales tan respetables como las del Reino Unido decidió, en 2016, por medio de un referéndum, retirarse de la Unión Europea, su principal socio comercial. Esto es algo que se considera mayoritariamente como un error histórico. En las democracias consolidadas, los errores son susceptibles de ser corregidos por la vía electoral. Eso es algo que no contempla el autoritarismo.

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