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Proteccionismo, exportaciones y política industrial

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El comercio exterior de Colombia es menos libre hoy que en los años noventa.  Esa es la conclusión a la cual llega una investigación sobre la política comercial colombiana, apoyada por el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), y el Banco de la República, dirigida por Jorge García García, consultor del Banco Mundial.  Los resultados de la investigación fueron presentados a mediados de octubre en la Cátedra de Economía del Caribe de la Universidad del Norte de Barranquilla.

Durante los últimos 25 años, la protección por medio de aranceles fue reemplazada por controles de precios y barreras no arancelarias de distinta naturaleza.  La adopción de estas medidas ha generado rentas por una suma equivalente a 4 % del PIB, en beneficio de un reducido grupo de personas y empresas involucradas en el proceso de tramitar importaciones.  Como consecuencia de las barreras no arancelarias a las importaciones, en vez de haberse cerrado la brecha entre los precios domésticos del sector industrial y los precias internacionales, esta se ha ampliado.  Para describir los perjuicios derivados del proteccionismo desmesurado, García explicó que, para efectos prácticos, este resultó ser equivalente a imponerle un gravamen de 40% a las exportaciones.

Dicha investigación contribuye a disipar el mito de que la economía colombiana es demasiado abierta.  Por el contrario, sigue siendo bastante cerrada.  También pone de presente los aspectos negativos del proteccionismo, y del modelo de sustitución de importaciones en el cual se inspira.  Es altamente regresivo desde el punto de vista social,  en particular, respecto a los bienes alimenticios.  Consiste en extraerles recursos a los consumidores del país y transferírselos a un grupo privilegiado de productores que logra distorsionar las políticas públicas en beneficio propio. 

Desde el punto de vista económico, crea incentivos perversos que favorecen a los sectores con mayor capacidad de hacer lobby ante las autoridades para cerrar la economía.  De esa manera se entorpece el surgimiento de las exportaciones industriales y agropecuarias no tradicionales, en detrimento de la diversificación del aparato productivo del país.  Al señalar que las barreras no arancelarias a las importaciones equivalen a imponerles un fuerte gravamen a las exportaciones, la investigación mencionada contribuye a identificar una de las causas del anémico comportamiento de las exportaciones no tradicionales.  Se importa para exportar.  El perjuicio a la competitividad causado por el proteccionismo conduce a que empresas colombianas establezcan sus plataformas exportadoras en otros países.

Estos planteamientos adquieren especial relevancia en la actual coyuntura internacional.  La caída que ha tenido lugar en los precios del petróleo hace necesario asignarle prioridad al fortalecimiento de las exportaciones distintas de las minero-energéticas.  Si el país desea diversificar su oferta exportadora e impulsar el crecimiento de las ventas externas de manufacturas, bienes agropecuarios y servicios, debe proceder a desmantelar el enjambre de restricciones a las importaciones vigente.   A la luz de las nuevas circunstancias económicas, es imperativo rechazar las propuestas proteccionistas, imprimirle vigor al esfuerzo exportador  y promover una política industrial orientada hacia el mercado mundial.

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