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Política internacional y mentalidad comercial

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Inglaterra se convirtió en una potencia mundial de primer orden al haber sabido combinar las ventajas que le daban la posición geográfica, la economía y su ordenamiento institucional. También supo asimilar las experiencias ajenas. Durante su lucha contra el Imperio Español en el siglo XVII, los holandeses demostraron la importancia de disponer de una marina de guerra, respaldada por un comercio exterior próspero y un sistema financiero solvente. Algunos de estos elementos fueron adaptados por los dirigentes británicos, a raíz de la escogencia por el parlamento de un noble holandés, Guillermo de Orange, como Rey de Inglaterra en 1689.

La protección natural contra invasiones que le daba el Canal de la Mancha le permitió a Inglaterra mantener una fuerza naval poderosa y consolidar un sistema comercial y financiero a escala global. Mientras que la diplomacia de sus rivales europeos enfatizaba el poderío militar, Inglaterra le asignó un papel prioritario a los aspectos económicos y comerciales en el diseño de su política exterior.   

Las colonias norteamericanas heredaron ese esquema diplomático, una vez obtenida la independencia de la corona británica.  Esto dio lugar a la conformación de dos estilos diplomáticos distintos: el anglosajón, en el cual prevalecen los intereses comerciales y financieros, y el continental,  propio de la aristocracia y de  las monarquías absolutas europeas, cuyo eje central eran las relaciones de poderío militar. Klemens von Metternich y Otto von Bismarck fueron figuras emblemáticas del estilo diplomático continental.

En la actualidad, las diferencias entre esas concepciones de la política internacional se han hecho menos nítidas, pero no han desaparecido del todo.  El presidente Vladimir Putin, por ejemplo, utiliza la fuerza militar para proyectar la influencia de Rusia, haciendo caso omiso de consideraciones de conveniencia económica. En cambio, la solidez de la economía de Alemania, y un manejo diplomático de estilo anglosajón, le han permitido a la Canciller Angela Merkel desempeñar un papel de liderazgo en la Unión Europea.

En las naciones emergentes, se observa un contraste entre aquellas cuyo objetivo diplomático es la acumulación de poder, y las que enfatizan consideraciones pragmáticas de naturaleza comercial.  Los gobiernos de algunos países latinoamericanos han adoptado el estilo continental de relaciones internacionales para confrontar a Estados Unidos directamente, o por intermedio de alianzas. Su lenguaje diplomático difiere del de los gobiernos que mantienen vínculos estrechos con los países desarrollados. Hugo Chávez de Venezuela y Mahmoud Ahmadinejad de Irán son representativos del primer grupo. Lee Kuan Yew de Singapur es representativo del segundo.

A grandes rasgos, la tendencia de los miembros de Mercosur y del Alba es hacia el esquema continental de relaciones de poder; los integrantes de la Alianza del Pacífico privilegian las relaciones económicas.

La fascinación con el poder y el desprecio por los temas comerciales tiene una variante tropical. El gobierno de un país suramericano, cuya economía está en crisis, ha movilizado su ejército en forma aparatosa, para defender el derecho de sus funcionarios a reprimir y a mantener cuentas bancarias en el exterior.  
 

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