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Analistas 13/02/2025

Ocaso del poder blando

Rodrigo Botero Montoya
Exministro de Hacienda

Está teniendo lugar un cambio trascendental en el ordenamiento internacional de los últimos 80 años y en la forma cómo las grandes potencias ejercen el poder. Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, concluyó de manera catastrófica el sistema de nacionalismo beligerante y la aplicación desinhibida de la ley del más fuerte en las relaciones entre las naciones.

El sistema vigente desde 1945, conocido como uno basado en reglas, con el cual estamos familiarizados, incluye a las Naciones Unidas, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional para las finanzas; y al Gatt y la Organización Mundial de Comercio para el comercio internacional. En lugar del nacionalismo agresivo, se estipula la solución pacífica de los conflictos y la cooperación por medio de organizaciones multinacionales, mecanismos de arbitramiento y acatamiento a la Corte Penal Internacional. A grandes rasgos, esos son los componentes del sistema actual. A pesar de sus debilidades y falencias, este esquema evitó durante 80 años un conflicto armado entre las grandes potencias, un logro no despreciable.

El funcionamiento adecuado del sistema lleva implícita la existencia de un Primus Inter Pares, es decir, de una nación líder. Por fuerza de los hechos, dadas las condiciones en que quedaron las principales potencias beligerantes en el conflicto, el liderazgo mundial de la posguerra recayó sobre el gobierno de Estados Unidos. Las potencias derrotadas, Alemania y Japón, estaban destruidas y bajo ocupación militar. El Reino Unido y la Unión Soviética, potencias vencedoras, estaban exhaustas. Estados Unidos, quien desempeñó el papel de arsenal de la democracia, terminó con su economía intacta, superioridad manufacturera y financiera mundial además del monopolio de armas atómicas entre 1945 y 1949. Por ese motivo, también se conoce como Pax Americana.

El economista Charles Kindleberger ha formulado el concepto de estabilidad hegemónica para describir la forma moderada de ejercer el poder en condiciones de supremacía bajo un hegemón benévolo. Según esa idea, un solo país puede estabilizar una economía inestable por medio del suministro de bienes públicos a otros países. El Plan Marshall a favor de los países europeos bajo el presidente Truman y la Alianza Para el Progreso a favor de los países latinoamericanos bajo el presidente Kennedy son ejemplos de ese tipo de actuación.

La estabilidad hegemónica conlleva mesura y autocontrol por parte de la nación líder en sus relaciones con naciones amigas y aliadas. Lo cual significa rehusar al uso del poder duro; es decir, la fuerza militar y las finanzas en el trato a países que no son adversarios. También implica promover el bienestar y la prosperidad de esos países. Esto no significa abandonar el uso del poder. Pero la forma como se manifiesta es por medio del poder blando que se origina en las universidades y los centros de investigación, el cine y las expresiones culturales. Ese comportamiento, contrasta con la lógica de ‘America First’.

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