Analistas

La ralentización económica

La economía colombiana ha entrado en una fase descendiente de expansión con respecto a su trayectoria reciente.  Las siguientes observaciones tienen por objeto colocar esa situación en perspectiva.  También tratan de evitar que la utilización electoral de la coyuntura termine por exacerbar un ambiente político ya de por sí enrarecido.  

 
No sobra repetir que el ciclo económico existe.  Afecta a todos los países de alguna manera.  Lo que es diferente es la respectiva capacidad nacional para atenuar el impacto de las oscilaciones del ciclo, tanto hacia el alza como a la baja.  En el caso de dos países percibidos como exitosos, el crecimiento del PIB de Turquía en el 2012 fue de 2,2% y el de Brasil fue 0,9%.
 
El desempeño económico de Colombia en el 2012 se sitúa por debajo de la capacidad productiva del país.  El ritmo de crecimiento fue inferior al de países como Perú o Chile, pero es superior al promedio de América Latina.  Un incremento del PIB de 4% no es motivo para echar las campanas al vuelo, pero tampoco representa una calamidad.  En 1999, la tasa de crecimiento fue negativa.  En el 2009 fue de 1,7%.  Dicho esto, la intensidad de la desaceleración de la actividad económica a partir del segundo semestre del año 2012 es significativa.  Esa tendencia parece haberse  prolongado durante el primer trimestre del 2013.
 
Ahora bien, un fenómeno que dura tres trimestres consecutivos no es atribuible a determinadas huelgas o al menor número de días hábiles en el mes de marzo.  Tampoco es cuestión de designar con nombre propio al responsable del menor dinamismo en el ritmo de actividad económica.  La diferencia relevante  entre las condiciones que prevalecieron durante el período 2003 a 2010 y las actuales radica en los términos de intercambio.  Las bonanzas de precios de los commodities, frente a precios moderados de los bienes importados, se tradujeron en un fuerte impulso al ingreso nacional durante el período mencionado, por la vía de términos de intercambio particularmente favorables.  Esa situación se ha modificado.  Para citar un ejemplo representativo, el precio internacional del carbón térmico ha experimentado una reducción considerable. 
 
Un diagnóstico acertado del problema contribuiría a enfrentarlo en forma constructiva.  Esta  pausa  podría aprovecharse para recomponer la canasta exportadora colombiana: privilegiando las manufacturas intensivas en el uso de mano de obra, los productos agropecuarios distintos de los tradicionales y los servicios.  Este es el momento indicado para profundizar las reformas que mejoren la competitividad del país, eleven la calidad del sistema educativo y reduzcan los altos niveles de inequidad, tanto regional como social.
 
Es imperativo desatender los cantos de sirena que invitan a frenar la inserción en la economía mundial, a revivir el modelo retro de la sustitución de importaciones y regresar al proteccionismo.  Debe evitarse el desánimo destructivo que termina  convirtiéndose en una profecía auto-cumplida.  El país se ha hecho menos vulnerable a los choques externos.  Parafraseando a los arrieros antioqueños: “En cañadas más oscuras nos ha cogido la noche”.