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Ducha fría en Argentina

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Rodrigo Botero Montoya

Tal como era previsible, Alberto Fernández ganó la elección presidencial en Argentina, con un porcentaje de votos suficiente, 48%, para hacer innecesaria una segunda vuelta. En cambio, resultó ser menos previsible el respaldo obtenido por el presidente Mauricio Macri, 40% de los votos, a pesar de la crisis económica con la cual concluye su gobierno. Esto significa que, por una parte, el retorno del peronismo no fue el resultado de una victoria abrumadora, como se esperaba. Por otra, a diferencia de lo que sucedía durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, Alberto Fernández deberá entenderse con un movimiento de oposición organizado y fuerte.

En lo que respecta a las relaciones internacionales, Fernández va a encontrar un entorno latinoamericano mucho menos favorable al populismo aislacionista que el que prevalecía hace diez años. En Brasil, el presidente Jair Bolsonaro ha mencionado la posibilidad de retirar a su país de Mercosur si Argentina adopta una política proteccionista. En Uruguay, parece probable que el candidato de oposición, Luis Lacalle, del Partido Nacional, derrote al candidato del Frente Amplio, Daniel Martínez, en la segunda vuelta de la elección presidencial, en el mes de noviembre. La cercanía con el régimen venezolano, que sirvió de apoyo a los gobiernos de los esposos Kirchner, se ha convertido ahora en un pesado lastre político.

Pero es en el frente económico donde el próximo gobierno va a tener los principales retos y la necesidad de adoptar medidas impopulares. Fernández ha declarado que él y Cristina son la misma cosa. Puede haber sido una frase de campaña, para halagar a los sectores más radicales del peronismo kirchnerista. En el caso de que ella reflejara sus convicciones íntimas, sería un motivo de alarma para propios y extraños. La sola perspectiva del regreso de Cristina Kirchner al gobierno produjo una fuerte devaluación del peso y el desplome en el valor de las acciones y de los bonos soberanos argentinos.

Transcurrida la euforia inicial del triunfo electoral, Fernández debe ocuparse de inmediato de problemas económicos urgentes, cuya solución no da espera hasta el 10 de diciembre, cuando tendrá lugar la transmisión del mando. El próximo desembolso de recursos financieros del Fondo Monetario Internacional (FMI), está pendiente de conocer la política económica del nuevo gobierno. En particular, se espera obtener una garantía de que Argentina se propone honrar los compromisos adquiridos con el FMI. Esto implica la necesidad de compartir responsabilidades con el gobierno de Mauricio Macri para dar un mensaje de normalidad a los mercados y para evitar que la desconfianza que inspira Cristina Kirchner produzca un descalabro financiero y cambiario.

En un incisivo libro sobre historia económica reciente, Cantar la Justa, Carlos Melconian se propone explicar ‘por qué la Argentina no consigue dar el gran salto hacia adelante.’ Afirma que ‘estar fuera del mundo es definitivamente un pasivo, un viaje directo a la decadencia.’ ‘…el crédito es algo que tarda mucho en construirse, pero se pierde muy fácilmente.’ Reflexiones incómodas, pero de gran relevancia.

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