Analistas

Divorcio a la inglesa

GUARDAR

Durante el siglo XIX, una norma de política internacional española recomendaba: ‘Con todo el mundo en guerra, pero en paz con Inglaterra.’ Era un reconocimiento del poderío de la Royal Navy así como de la tenacidad combativa de los ingleses, una vez enfrentan un conflicto bélico. De allí que se afirmara que los ingleses pierden todas las batallas excepto la última. Al parecer, el General Leopoldo Galtieri no estaba familiarizado con estos conceptos en 1982, cuando decidió brindarles, por la fuerza, los beneficios del régimen dictatorial argentino a los súbditos de la Reina Isabel en las islas Malvinas.

Pero Inglaterra no se convirtió en una potencia mundial sólo a base de proezas militares. Un servicio diplomático sobresaliente contribuyó a consolidar su fortaleza comercial y a proyectar influencia internacional por medio de tratados y alianzas. William Ewart Gladstone, prestigioso estadista británico en tiempos de la Reina Victoria, afirmaba que el principio fundamental de su política exterior era el buen gobierno a nivel interno. El buen gobierno en Inglaterra se manifestaba en la forma de un servicio civil influyente, una clase dirigente lúcida que colocaba el interés nacional por encima de las conveniencias partidistas y la seriedad con la cual se implementaban las políticas públicas. Esas características, que fueron motivo de reconocimiento y admiración por parte de observadores extranjeros, han brillado por su ausencia en los años recientes.

La forma como se ha manejado una decisión de trascendencia histórica, como es el retiro de la Unión Europea, es la antítesis del comportamiento político tradicional de los dirigentes de Inglaterra. En este caso, el término adecuado es Inglaterra, en vez de Reino Unido. Tanto Escocia como Irlanda del Norte votaron mayoritariamente a favor de Remain, la opción de permanecer en la Unión Europea. En Inglaterra, votaron a favor de Leave, salir de la Unión Europea, las zonas rurales y las personas de mayor edad. En Londres, Remain obtuvo 59,9% de los votos. Para quienes han nacido en los últimos cuarenta y cinco años, considerarse ciudadanos de Europa es parte esencial de su visión del mundo.

Después de arduas negociaciones, se llegó a un acuerdo de divorcio que deberá ser ratificado por el parlamento europeo, lo cual es previsible, y por el parlamento británico, el cual no podrá introducir modificaciones al texto acordado en Bruselas. Los dirigentes europeos han dejado saber que el texto acordado es el único posible y es el definitivo. Theresa May ha iniciado una campaña para procurar el respaldo de la opinión pública, con miras a la discusión parlamentaria prevista para el 12 de diciembre. Una eventual derrota parlamentaria del documento negociado equivaldría a un voto de no confianza en su Gobierno.

Si bien el divorcio acordado se obtuvo en términos amigables, es perjudicial para el Reino Unido y para la Unión Europea. Como afirmó el domingo 25 de noviembre el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker: ‘Este es un día triste. Es una tragedia. No estamos para celebrar.’

LA REPÚBLICA +

Registrándose puede personalizar sus contenidos, administrar sus temas de interés, programar sus notificaciones y acceder a la portada en la versión digital.

GUARDAR
MÁS LR

Agregue a sus temas de interés

MÁS LR

Agregue a sus temas de interés