Analistas

Armisticio a la colombiana

El resultado del plebiscito del 2 de octubre, sobre los acuerdos para terminar el conflicto con las Farc, representa un insoslayable retroceso para el proceso de paz. Es también un voto de no confianza en el gobierno y en el presidente Juan Manuel Santos, quien hizo una apuesta arriesgada al someter, sin necesidad, una negociación compleja a la refrendación popular. El triunfo del No, por un margen estrecho, ha causado desconcierto en la comunidad internacional, la cual ha dado un apoyo decidido al proceso de paz. Ante el resto del mundo, Colombia ha dejado de ser un país aburrido y predecible. Si hay algo que desestimula a los inversionistas, son las sorpresas y la incertidumbre.

Se ha hecho evidente la animadversión hacia las Farc y la magnitud de las heridas que su violencia indiscriminada ha causado.  Amplios sectores de la población les guardan rencor y ven con alarma su eventual participación en política. El insuceso electoral colombiano tiene ciertas similitudes con el referéndum en el Reino Unido que produjo el Brexit. En ambos casos, el resultado fue diferente al que deseaba el Gobierno, al que prefería el establecimiento y al que pronosticaban las encuestas. Tal como sucedió en el Reino Unido, ni el Gobierno ni los voceros de la oposición estaban preparados para el resultado. Algunos de los que votaron en contra del tema sometido a consideración lo hicieron como una manera de expresar su inconformidad con las élites intelectuales y políticas.  En ambos casos, los contradictores del Gobierno, apelando a la desinformación, la mentira y las promesas falsas, lograron que el resentimiento y el miedo prevalecieran sobre la esperanza.

Se ha afirmado, contra toda evidencia, que los acuerdos de paz conducirían a establecer el castrochavismo en el país y que conllevan la derrota del Estado. Respecto al primer punto, el cambio del modelo económico vigente no hizo parte de la negociación. La economía va a continuar abierta al comercio internacional y a la inversión extranjera.  Siguen vigentes los TLC suscritos y el ingreso a la Ocde. Respecto al segundo, además de tener el  control del espacio aéreo y las comunicaciones, las Fuerzas Militares disponen de más de 40 integrantes por cada combatiente irregular.

Pueden señalarse varios aspectos positivos de la jornada electoral: el hecho de que el resultado haya sido aceptado sin vacilación; que se haya decidido mantener el cese al fuego bilateral; y que las Farc hayan reafirmado su voluntad de cumplir con los términos del acuerdo. Falta por determinar su disposición a reabrir la negociación para modificar lo acordado.

Colombia ha demostrado tener la capacidad para manejar los choques económicos de origen externo. El impasse al cual ha llegado la terminación del conflicto pone ahora a prueba la calidad de su clase dirigente.   La mayor o menor responsabilidad con la cual respondan los dirigentes políticos a la nueva situación determinará si el país está enfrentando un tropiezo transitorio en el proceso de paz o el comienzo de una debacle.