Analistas

Aranceles y dinamismo exportador

La necesidad de reducir la dependencia del país de las exportaciones minero-energéticas es un tema acerca del cual hay consenso. Los analistas concuerdan en asignarle prioridad al objetivo de fortalecer y diversificar el sector de las exportaciones no-tradicionales de productos agrícolas y de manufacturas. Un factor que tiende a soslayarse, al discutir las causas del comportamiento anémico de estas exportaciones, es el excesivo proteccionismo. Los altos aranceles y las barreras no arancelarias a las importaciones equivalen a imponerles un fuerte gravamen a las exportaciones. Se considera normal que la producción de alimentos básicos obtenga aranceles del orden de 70% a 100%. Y los sectores industriales con capacidad de hacer lobby solicitan aranceles altos y medidas administrativas para impedir la competencia externa. En la medida en que se obstaculizan las importaciones, se entorpece el crecimiento vigoroso de las exportaciones. 

Dentro de ese orden de ideas, sería de gran utilidad que el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo tuviera la asesoría de un economista competente. Es importante que quienes formulan las políticas públicas sobre el sector externo entiendan que el principal obstáculo al crecimiento de las exportaciones es el proteccionismo.  Mientras más lucrativo sea producir para un mercado interno sobreprotegido, menor será el incentivo para competir en los mercados mundiales. Si los incentivos originados en las propias políticas de comercio exterior contribuyen a obstaculizar la competencia internacional, de poco sirve la retórica ministerial acerca de la necesidad de impulsar las exportaciones.

La carencia de asesoría económica adecuada se refleja en describir la reducción a cero de los aranceles de determinados bienes de capital e insumos como una forma de favorecer las exportaciones. Esta medida tiene el efecto de elevar la protección efectiva para la producción nacional, es decir, incrementar el proteccionismo. Para evitar ese resultado, sería necesario reducir los aranceles de los bienes producidos por los sectores favorecidos con la medida mencionada, lo cual no ha sucedido. En caso de que el Ministerio de Comercio no tuviera claro este concepto, se beneficiaria de los aportes técnicos de Planeación, el Ministerio de Hacienda y el Banco de la República.

Si se quiere colocar la política arancelaria dentro del contexto de una estrategia de desarrollo coherente, debería convocarse con regularidad el Consejo Superior de Política Comercial.

Para que eso sucediera, sería necesario que la Casa de Nariño tomara la iniciativa de asignarle a dicho Consejo la tarea de modernizar el esquema arancelario proteccionista actual y adaptarlo a la necesidad imperiosa de fortalecer y diversificar la oferta exportadora del país. Lo cual implicaría eliminar las barreras no-arancelarias a las importaciones e implementar un arancel bajo y parejo, libre de las disparidades y distorsiones del esquema vigente. Esto es algo a lo cual se resisten ministerios con cuadros técnicos débiles, como los de agricultura y comercio, sobre los cuales ejercen una influencia desproporcionada los grupos de presión. 

Se importa para exportar. Aunque parezca contra intuitivo, para dinamizar el crecimiento de las exportaciones, se requiere liberalizar las importaciones.