Analistas

Anotaciones en caso de turbulencia

Al inicio de la Gran Depresión en 1930, John Maynard Keynes describía la situación de la siguiente manera: 'Nos hemos enredado en un embrollo colosal, habiendo estropeado el control de un mecanismo delicado, cuyo funcionamiento no entendemos.  El resultado es que nuestras posibilidades de prosperidad pueden haberse disipado por un tiempo, quizá por un tiempo largo.'  Es un diagnóstico que resulta aplicable, sin mayores cambios, al dilema en que se encuentran los dirigentes europeos de la Zona Euro con respecto a las vicisitudes de la unión monetaria.  El desconcierto actual, al igual de lo que sucedió en los tiempos de Keynes, conlleva consecuencias significativas para la economía mundial.

La crisis recurrente para mantener la vigencia del Euro se origina en la falla de diseño consistente en la implementación de una unión monetaria en ausencia de una autoridad fiscal común y de un prestamista de última instancia; es decir, de un banco central poderoso. La resistencia de cada uno de los estados a cualquier propuesta que implique suceder alguna porción de soberanía económica conduce a que los eventuales acuerdos produzcan soluciones tímidas y tardías.  Actitudes que pueden ser aceptables para cada uno de los gobiernos, terminan siendo inadecuadas para el conjunto.  La incapacidad para actuar de manera decisiva y oportuna se traduce en recesión, desempleo y malestar social.

La siguiente advertencia de Enrique Fuentes Quintana, a propósito de la transición democrática en España, adquiere particular relevancia: "Una economía en crisis constituye un problema político fundamental…La fuerza que sostiene a los regímenes democráticos competitivos es la creencia mayoritaria de la población en su legitimidad…[la cual depende] de la valoración de los ciudadanos de la eficacia y efectividad de sus políticas…si los programas económicos que se formulan no logran los resultados esperados, la legitimidad del régimen se irá erosionando hasta afectar su continuidad."

Ese desgaste ya se observa en los casos de Grecia, España e Italia.  La unión monetaria impide acudir a la devaluación como mecanismo compensatorio para mejorar la competitividad internacional.  Queda entonces la alternativa de lograr una devaluación interna, lo cual es un eufemismo para describir la reducción generalizada de salarios.  Y éste es un programa para el cual no es fácil lograr respaldo popular.

Las dolencias que afligen al Viejo Continente dejan enseñanzas para las economías emergentes de America Latina.  Es enorme el costo que tiene para la estabilidad macroeconómica una defectuosa supervisión del sistema financiero nacional.  Rescates precipitados de bancos insolventes conllevan convertir en deuda pública la imprudencia, cuando no la venalidad, de grupos privilegiados.  Las magnitudes que han adquirido los flujos internacionales de capital permiten cuestionar la conveniencia de mantener una  irrestricta apertura de la cuenta de capital en las actuales circunstancias.

Al mismo tiempo, debe  evitarse la tentación de retroceder hacia el proteccionismo comercial.  Más bien, se ponen de presente las ventajas que ofrece un manejo macroeconómico prudente.  Aquellos países con fiscos solventes, flexibilidad cambiaria, inflación baja y bancos bien capitalizados, podrán sobrellevar mejor los eventuales choques externos.