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Anotaciones acerca de la turbulencia financiera

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A la economía mundial se le ha sumado un nuevo factor de incertidumbre, además de la caída del precio de los commodities, la pérdida de dinamismo de la China y la recesión en los países de la Unión Europea.  Ha surgido un motivo de perturbación financiera a causa del anuncio del Gobernador de la Reserva Federal, Ben Bernanke, de que si se cumplen determinadas condiciones, se empezaría a reducir el estímulo monetario actual.  La manera como reaccionaron los mercados a ese anuncio y la consiguiente venta de activos dieron lugar a una volatilidad mayor de la esperada.   

Los pronunciamientos de los banqueros centrales suelen prestarse a interpretaciones divergentes.  El anuncio de Bernanke incluía una perspectiva positiva, al referirse a los indicios de reactivación de la economía norteamericana.  La eventualidad de que dicha reactivación se consolidara le permitiría a la Reserva Federal adoptar una postura monetaria menos expansiva.  Los mercados le asignaron menos importancia a ese aspecto que al temor de que terminara en un futuro próximo el suministro abundante de liquidez.

A partir de la crisis del año 2008, los bancos centrales de las naciones desarrolladas tuvieron que asumir un papel protagónico en la implementación de medidas extraordinarias para evitar el colapso del sistema financiero internacional.  Eso explica la enorme sensibilidad de los mercados mundiales a cualquier referencia, así sea en futuro condicional, a la posible modificación de la política monetaria por parte de la Reserva Federal.  

Las bolsas de valores experimentaron reajustes a la baja en los precios de las acciones y en los títulos de deuda, tanto soberana como corporativa.  La tasa de interés de los bonos del Tesoro, que ha alcanzado un nivel del orden de 2.5%, es ligeramente inferior a la que existía en noviembre del 2010, cuando la Reserva Federal puso en vigencia la segunda etapa del proceso de compra de bonos conocido como aflojamiento cuantitativo.  El dólar se ha fortalecido respecto a las demás monedas.  Capitales de corto plazo, que se habían desplazado al exterior en busca de mayores rendimientos, han sido repatriados.  El costo de contraer créditos o de emitir bonos en los mercados internacionales de capital se ha elevado. 

Las economías emergentes de América Latina han sentido el impacto de este choque externo, con diferencias en el grado de intensidad.  El ajuste requerido por aquellos países como Argentina y Venezuela, que han dejado acumular grandes desequilibrios va a implicar costos económicos y sociales cuantiosos.   Para países que disfrutan de fundamentales sólidos y un manejo económico prudente, el reacomodo a las nuevas circunstancias externas debería ser menos traumático.

En el caso de Colombia, la turbulencia bursátil reciente ha contribuido a corregir el problema del excesivo fortalecimiento del peso, con efectos favorables sobre las exportaciones no tradicionales, en particular las intensivas en el uso de mano de obra.  Con una inflación de 2% anual y una economía más abierta, la devaluación del peso que ha tenido lugar puede considerarse como un desarrollo afortunado.

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