Analistas

En búsqueda de la competitividad

A menos de un año de terminar su presidencia, el mandatario Juan Manuel Santos y algunos miembros de su gabinete han dedicado sus últimos discursos a hablar sobre sus logros respecto al proceso de paz y sobre el mejoramiento de la economía nacional. Lo cierto es que el año 2017 no ha sido bueno para la mayoría de sectores, los dividendos de la paz no han sido percibidos por los empresarios o más bien, no existen. Los escándalos de corrupción se han intensificado y el tan nombrado proceso con las Farc ha reflejado improvisación por parte del gobierno nacional.

El Índice Global de Competitividad que he mencionado en artículos anteriores, ha lanzado su nuevo informe 2017-2018. Este índice es realizado por el Foro Económico Mundial y consiste en detallar el estado en términos de competitividad de 137 países midiendo diversos factores como la carga tributaria, la infraestructura, la estabilidad de las instituciones, la eficiencia del mercado laboral, la corrupción, entre otros.

La última calificación ubicó a Colombia en el puesto 66, cediendo 5 lugares respecto al año anterior. El informe destaca 4 temas problemáticos en la competitividad colombiana. El primero y más preocupante es la corrupción.

Los últimos meses han reflejado un gran deterioro social en Colombia acompañado de una pérdida total de confianza en las instituciones debido a actos de corrupción estimados por los especialistas en casi $50 billones anuales.

El segundo obstáculo tiene que ver con nuestra alta carga impositiva, pues las reformas tributarias implementadas por el Gobierno han dado un duro golpe a la economía del país incentivando la informalidad. La burocracia figura también como uno de los grandes problemas para la competitividad, la precandidata presidencial María del Rosario Guerra habla de un aumento de más de 18.000 puestos en los últimos años.

Finalmente, el informe califica la calidad en infraestructura como otro de los grandes frenos para a la economía, pues aunque ha habido mejoras en los últimos años, no alcanza a ser suficiente. Como tanto lo resaltan los especialistas, el costo de enviar un contenedor del centro del país al puerto de Cartagena es casi tres veces mayor al de enviarlo desde el mismo puerto a Shanghái o a algún otro puerto del Lejano Oriente.

Los afanes por reactivar la economía por medio de políticas keynesianas como los planes de impulso para la productividad y el empleo (Pipe), han demostrado ser inútiles e insuficientes para contender la desaceleración economía. Sin embargo, cuesta pensar qué sería del país en este momento sin las inversiones hechas mediante los Pipes.

El gobierno ha desdibujado el enfoque económico y ha preferido la inversión en burocracia a la inversión en ciencia y tecnología o en deporte. Se han dejado atrás los incentivos para que nuestras generaciones sueñen con ser científicos, deportistas y hasta empresarios.