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Analistas 02/12/2020

Polarización

Regino Navarro Ribera
Consultor empresarial y coach

Dialogar, discutir, enfrentar, atacar. Son diversas posibilidades que presentan las relaciones entre personas tanto de modo presencial como virtual. Me vienen a la cabeza estas palabras, y otras parecidas, al leer los comentarios que algunos lectores hacen a personas e ideas de otros. Se ha hablado muchas veces de la pobreza de espíritu que refleja esa torre de babel que son algunas redes sociales, que se convierten en una plataforma de insultos personales y muy pocas soluciones a cualquier tipo de problema.

El diálogo es una ‘conversación entre dos o más personas que exponen sus ideas y comentarios sobre un asunto o sobre un problema con la intención de llegar a un acuerdo o de encontrar una solución’. Discutir, podríamos expresarlo diciendo que es un diálogo donde ya no está presente la intención de buscar una solución. Enfrentar es provocar que dos o más personas se opongan, compitan o se enemisten, y se llegue así al ataque, a la agresividad verbal desbordada. Se configura el escenario de polarización sin sentido.

Disentir y oponerse, son actitudes, no sólo legitimas sino importante para avanzar, para construir nuevas soluciones. La oposición es buena, pues lo contrario es la uniformidad que lleva a perpetuar lo que existe. El problema surge cuando se deja de pensar, analizar, debatir, para dedicarse sistemáticamente a oponerse, a defender posiciones y atacar las contrarias. Cuando el ataque no es a las ideas sino a las personas

Teniendo fresca la lectura de la encíclica Fratelli tutti del Papa francisco, me parece apropiado para el tema que venimos tratando, dejar hablar a Francisco en el capítulo cuarto “Diálogo y amistad social”, de la que copio varios párrafos. “Acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto, todo eso se resume en el verbo “dialogar”. Para encontrarnos y ayudarnos mutuamente necesitamos dialogar. No hace falta decir para qué sirve el diálogo. Me basta pensar qué sería el mundo sin ese diálogo paciente de tantas personas generosas que han mantenido unidas a familias y a comunidades. El diálogo persistente y corajudo no es noticia como los desencuentros y los conflictos, pero ayuda discretamente al mundo a vivir mejor, mucho más de lo que podamos darnos cuenta” (198)

“Se suele confundir el diálogo con algo muy diferente: un febril intercambio de opiniones en las redes sociales, muchas veces orientado por información mediática no siempre confiable. Son sólo monólogos que proceden paralelos, quizás imponiéndose a la atención de los demás por sus tonos altos o agresivos”, dice el Papa en el n. 200, y dos números

después afirma “La falta de diálogo implica que ninguno, en los distintos sectores, está preocupado por el bien común, sino por la adquisición de los beneficios que otorga el poder, o en el mejor de los casos, por imponer su forma de pensar. Así las conversaciones se convertirán en meras negociaciones para que cada uno pueda rasguñar todo el poder y los mayores beneficios posibles, no en una búsqueda conjunta que genere bien común.

Los héroes del futuro serán los que sepan romper esa lógica enfermiza y decidan sostener con respeto una palabra cargada de verdad, más allá de las conveniencias personales. Dios quiera que esos héroes se estén gestando silenciosamente en el corazón de nuestra sociedad”.