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Justo, seguro y proporcional

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Situaciones como las que vivimos cotidianamente no se explican pues el tinglado jurídico y jurisprudencial está montado en procedimientos y no en realidades. Un ejemplo reciente es la discusión de las acciones de legítima defensa de la vida propia o de terceros y la proporcionalidad cuando sabemos que todo asaltante y atracador tiene un arma para usarla con toda la sevicia, sin importar si es navaja, jeringa, cuchillo, pistola, revolver o armas más peligrosas. Pensaría yo en justicia que la proporcionalidad está dada por la intención de herir o matar, como se ve a diario.

Una cuenta empírica: si un atracador, ladrón de vehículos, asaltante de tienda hace dos acciones delictivas diarias, de lunes a viernes, al año hace 522 asaltos y que de esos 5% se rehúsen o se defiendan tenemos un potencial de 26 personas atacadas con heridas por asaltante. En esa lógica, ¿la proporcionalidad en la defensa cuál debe ser? ¿La proporcionalidad la aplicación de la justicia cuál debe ser?

Ciertamente hay jurisprudencia al respecto, pero lo que sabemos es que la aplicación de la ley, por parte de los jueces, siempre termina en que es un delito menor en cuantía y en consecuencia el castigo no se compadece con la gravedad y peligrosidad del hecho, ni con el esfuerzo de las personas que denuncian a los asaltantes ni con los agentes de policía, que en muchos casos exponen su integridad.

Todos estamos preocupados con la inseguridad, pero es evidente que más que un asunto policial, es una situación de administración de justicia, de solidaridad ciudadana, de interés propositivo de los medios, de recursos necesarios del Gobierno Nacional, regional y local; así mismo de posibilidad de alianzas con el sector privado que tiene recursos complementarios y la voluntad, pero hace falta un marco jurídico y un cambio a la aproximación a la construcción de la seguridad.

Un ejemplo es que algunos de los lugares con los peores índices de seguridad son los más vigilados por la presencia de bancos, oficinas, comercio, fábricas y de los mismos edificios de habitación. Cientos de celadores que cubren las 24 horas, tecnología con cámaras y alarmas con monitoreo permanente y con presencia activa de personas de seguridad, pero con cero interés de lo que pasa en el exterior de su establecimiento y en consecuencia poca solidaridad frente a quienes pueden ser víctimas de lo que esta sucediendo en el entorno.

La explicación tiene que ver con el marco jurídico, todos sabemos que las personas de seguridad tienen prohibido abandonar su puesto de trabajo para atender las situaciones no asociadas a la empresa, los recursos y dotación están solo para el cuidado interno y la integridad de los bienes, pero y ¿qué de la vida de las personas?, ¿qué del cuidado y seguridad de los lugares públicos que nos competen a todos?, ¿qué de las decisiones de los jueces cuando una persona se solidariza y defiende a un tercero?

Debemos cambiar la aproximación a la seguridad como un derecho, pero también como un deber, pasar de la teoría jurídica que nos llena de miedos para no tomar decisiones y acciones, a la valiente práctica de la solidaridad, la colaboración, la denuncia y las alianzas en bien de la defensa de la vida, la legitimación del Estado y el imperio de la ley.

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