Analistas 13/12/2020

El contagio positivo

Para los cristianos de todo el mundo la noche del 24 y el 25 de diciembre es la fecha religiosa más importante del calendario, pues se celebra el nacimiento de Jesús en Belén. Ese día tan especial se empieza a planear desde noviembre, pero las actividades inician con el primer día de diciembre. Las abuelas y madres, quienes son las dueñas de la cohesión y la felicidad en todas los hogares del mundo sacan el tiempo, el dinero y todos los recursos conocidos y desconocidos para que ese día de unión y concentracion familiar sea más especial y mejor que el año anterior.

La energía es tan poderosa que personas de otras creencias y culturas se impregnan de esa felicidad, de la importancia de estar en familia, de esa necesidad de expresarle a los seres más queridos su amor, su aprecio, su añoranza, así no sean ya parte de este mundo. Unos se expresan con mensajes, en los días de antes con tarjetas de Navidad, otros con visitas, hoy con video llamadas. Pero así como ya es extraño el envío por correo de esos saludos de Navidad, el musgo y la pólvora a tutiplén, a partir de este año no se harán las celebraciones para agasajar a la familia extendida, por sentido común, por respeto y por cuidado.

Entonces, ¿qué va a ser de nuestras tradiciones como las novenas, la natilla, los buñuelos, los tamales, las hallacas, los pasteles, la torta de Navidad, el pavo relleno, el ajiaco, el turrón de jijona, los panelllets, el panettone ?, ..... ¿cómo no tener el motivo perfecto para ir al encuentro de la familia y amigos y actualizarnos en nuestros sentimientos, historias, promesas y propósitos ?

Todos los preparativos mágicos y el trabajo (¡extenuante es cierto, pero maravilloso!) que viene de generaciones atrás y se trasmite con la rigurosidad y mística centenaria; esa magia y ternura de los niños alrededor que inicia desde los primeros días con las carta al Niño Dios, a San Nicholaus, a los Reyes Magos, a Noël, a Santa Claus, las que además de la solicitud del regalo deseado siempre llevan una promesa para enmendar alguna falla. Es así como mientras que los padres y abuelos están en la discusión sobre el menú de la cena, los invitados a la celebración y los regalos convirtiendo el tiempo y los recursos en escasos, por contraste son recursos abundantes y tiempo lento para los niños del mundo.

El reto entonces para todos es mantener la magia de estos días sin exponernos, pero esforzándonos en la planeación y ejecución de los preparativos más especiales y optimistas. Debemos recordar que podemos y debemos ayudar llevando alegría a los niños y familias que tienen poco y necesitan ayuda para hacer de esta fecha un momento especial donde la Fé, la esperanza y la caridad se conjugan para dar felicidad a quienes dan y a quienes reciben.

En el Caribe Colombiano es común la costumbre de invitar a almorzar o comer enviándole a su casa las viandas y platos preparados con recetas muy especiales y apreciadas de las familias, quizá podemos tomar esta costumbre y así agasajar a nuestra familia extendida, a nuestros amigos pero también debemos hacer un gran esfuerzo para hacer llegar felicidad a las personas por esta pandemia realmente están pasando por momentos difíciles de hambre, abandono y desesperanza apoyándonos en iniciativas como el banco de alimentos de las arquidiócesis o las fundaciones para niños y ancianos o gente buena que tienen la capacidad de multiplicar las ayudas. Sin duda saber que habrá personas con comida y felicidad en esta navidad será también nuestro regalo para nosotros y nuestras familias y ojalá una nueva costumbre navideña.