ANALISTAS

Davos y nosotros
domingo, 2 de febrero de 2020

En términos generales, a Colombia le fue bien en este foro en Suiza que inició el señor Klaus Schwab hace 50 años. Este foro se pensó para discutir asuntos muy europeos, y sin duda, es hoy uno de los escenarios más importantes para hablar de economía mundial. En el evento participan gobiernos, empresas, líderes importantes por su representatividad y conocimiento, empresarios, instituciones organizaciones de la sociedad civil, académicos, periodistas y personas que quieren oír, proponer y hasta retar a los grandes que participan.

La agenda económica mundial estuvo, en principio, priorizada por la coyuntura de las tres potencias: China, Estados Unidos y el Reino Unido; los dos primeros por asuntos comerciales y UK por el Brexit, que sin duda impactará la economía del mundo, y que cambiará radicalmente el relacionamiento entre los mismos países europeos, no solo en la producción y comercio si no también en el empleo, pues es el retiro de los británicos de la Unión Europea.

Durante las discusiones y presentaciones, siempre estuvo presente el Cambio Climático como preocupación, alarma, amenaza o propuestas de aproximaciones a oportunidades en voces optimistas. También poco a poco fue entrando en las conversaciones una preocupación humanitaria, sobre la posible epidemia (pandemia) del Coronavirus, dónde la comunidad internacional y las grandes potencias, además de la solidaridad ofrecieron cooperación científica, pues ciertamente es un riesgo que no es conocido por la humanidad, pero seguro que el impacto será tan grande e insospechado que puede cambiar todas las relaciones comerciales entre en el mundo. Nadie querrá tener relaciones con los chinos, mientras la situación se aclare y además mejore y maneje adecuadamente.

En ese marco de conversaciones económicas, predictivas, futuristas y fácticas, también se habló del comportamiento irresponsable de algunas empresas, y de la miopía de sus accionistas dónde lo único que les pareciera importar, son los rendimientos económicos; incluso por encima de la situación y contexto social, ambiental y económico de los entornos dónde tienen sus operaciones y mercados, llevándolos a abusos y evasiones de responsabilidades como son las tributarias, cargando costos no trazables a las casas matrices y registro de las empresas en paraísos fiscales.

La demanda a ese modelo expoliador y torpe, es la necesidad de tener una aproximación ética e inteligente con su negocio y con la sociedad, pues el mercado y los accionistas son cada vez es más exigentes, informados, cuidadosos, responsables, con capacidad de exigir y de hacer a las empresas exitosas o fracasarlas. Adicionalmente, todos lo hemos vivido en este país con los políticos populistas, que a cambio de trabajar por construir soluciones y propuestas para asegurar más recursos e inversión para prevenir, mitigar y reparar los problemas ambientales y sociales, construyen con medias verdades y mentiras su plataforma y discurso de odio y violencia, fomentando así los bloqueos al desarrollo, la libertad de empresa, la inclusión y la justicia social.

Colombia no solo figuró en varios escenarios, si no que la presencia de la delegación en cabeza del Presidente sirvió para aclarar informaciones, dar a presentar el país y sus oportunidades ante gobiernos, empresarios e instituciones influyentes importantes y necesarias. Ahora la tarea es mejorar la certidumbre a través de toma de decisiones para tener un gobierno, un congreso y unos jueces más comprometidos con el futuro que se construye desde ahora. Un futuro con más inversión a través de más seguridad regulatoria, más justicia (no más leyes), más seguridad, más infraestructura, más liderazgo, conocimiento y definición en los asuntos ambientales y sociales y más transparencia.