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En las organizaciones se habla de liderazgo, cultura y bienestar… pero hay una emoción que casi nunca se nombra, aunque todos la han sentido: la envidia. Y esta cuando se ignora no se elimina, al contrario, la vuelve más peligrosa. Desde la psicología organizacional, la envidia no es un tema “moral”, sino un fenómeno psicológico y social profundamente estudiado, con efectos directos sobre el desempeño, la cultura y los resultados del negocio.
¿Qué es la envidia en términos científicos? La envidia ha sido definida como el malestar que surge cuando otro posee algo que nosotros deseamos (estatus, reconocimiento, oportunidades). Pero en el trabajo tiene una particularidad, no surge en el vacío, sino en contextos de comparación constante (bonos, ascensos, rankings, visibilidad).
Desde lo que he podido analizar en mi doctorado en psicología, la envidia es frecuente en entornos competitivos donde los recursos son limitados, por lo que aumenta cuando hay trato desigual o mala relación con líderes. Esto al final lo que hace es que se den comportamientos disfuncionales como: sabotaje; desinformación y la falta de colaboración.
De hecho, estudios empíricos han demostrado que la envidia puede llevar a conductas contraproducentes en el trabajo (CWB), afectando directamente la productividad y el clima organizacional, y ojo, muchas veces no se expresa abiertamente, sino a través de microconductas: críticas pasivo-agresivas, exclusión, rumores.
Investigaciones en sociología y comportamiento organizacional muestran que la envidia puede destruir dinámicas de cooperación y acción colectiva, especialmente en contextos altamente individualistas.
Ahora, existe un rol crítico del líder como el gran amplificador (o regulador) de la envidia, el liderazgo tiene un impacto directo en la aparición de la envidia. Ya que el líder puede promover sin querer relaciones pobres, favoritismo, falta de claridad.
Las empresas deben dejar de ignorar la envidia y gestionarla de forma estratégica, creando culturas donde la comparación no sea destructiva sino inspiradora: esto implica establecer criterios de reconocimiento y promoción claros y transparentes, reducir prácticas que fomenten la competencia tóxica (como rankings excesivos), fortalecer la seguridad psicológica para que las personas puedan expresar incomodidades sin temor, y formar a los líderes en gestión emocional y conversaciones difíciles; además, es clave promover el aprendizaje colectivo, visibilizar el progreso, no solo los resultados, y diseñar espacios de colaboración donde el éxito de un compañero se perciba como una oportunidad de crecimiento propio y no como una amenaza. Y por fa dejar la frase “la envidia es mejor despertarla que sentirla”, lo mejor es trabajar en equipo y tener claridad en los procesos empresariales.
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