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El debate sobre desarrollo económico de Colombia tiene dos aristas que aún pesan a la hora de evaluar el devenir de nuestra “era moderna”. El primero se refiere al “centralismo”, postulado por Antonio Nariño, frente al “federalismo”, impulsado por Camilo Torres Tenorio. Esta insalvable disputa dio origen a un Estado-nación sin rumbo, “la Patria Boba” (1810-1815). Esta terminó debilitándose hasta permitir la reconquista española (1816-1818), bajo los copiosos ejércitos realistas del “pacificador” Pablo Morillo.
Una segunda arista ha tenido que ver con el papel de los llamados “patricios” (1830-1880), analizado a profundidad por Felipe Martínez (2025, Patricios en contienda, Uniandes-UBosque). Allí los temas centrales son: i) debate entre librecambismo proindustrialización vs. desarrollo agrícola de grandes haciendas proteccionistas, productoras de commodities; ii) la pugna entre educación integral y laica vs. la religiosa; y iii) integración cultural (tras tardía liberación de esclavos y otorgamiento de derechos ciudadanos a minorías y mujeres) vs. la exclusión de los no educados.
Martínez postula una sólida hipótesis sobre cómo estos tres debates -comercio exterior, educación laica e integración cultural- apuntaban, como en el resto de América Latina, a fraguar identidad nacional. Pero la diversidad geográfica (con planicies donde se ubicaron los patricios para impulsar proyectos económicos y educativos) y la fragmentación étnica y social impidieron concretar tal identidad nacional, con particular afectación de la “Gran Colombia” soñada por Venezuela, Ecuador y Colombia.
Mientras las zonas costeras eran “inestables militarmente” por las pugnas entre España, Francia y Gran Bretaña, el refugio que buscaron en planicies dichos patricios los aisló del comercio internacional y de las realidades libertarias que buscaron en “rochelas” de los llanos orientales los esclavos emancipados, en amplio mestizaje, generando lenta expansión de las colonias agrícolas “libres”. Al final, serían estas zonas libres de los llanos orientales, encabezadas por José Antonio Páez desde Venezuela, las que le permitirían al ejército del “Libertador Bolívar” rearmarse para finalmente derrotar a España (1818-1821).
Ricas y novedosas son las fuentes de primera mano, tanto económicas como literarias, exploradas por Martínez en estos tres países, tarea que le tomó cerca de una década de investigaciones. Cabe destacar el completo análisis provisto a través de la figura del llanero indómito Páez, con múltiples anotaciones correctivas a lo dicho en la autobiografía de Páez. Nos recuerda Martínez que dicha obra fue posible gracias al papel de promotor global que ejerció el hijo de Páez (trilingüe y educado), cuando ambos se refugiaban en Nueva York (1850-1858), tras los dos periodos de gobiernos constitucionales del general Páez (1830-1835 y 1839-1843).
Son maravillosas las ilustraciones del llanero Páez elevado a lienzos con poses napoleónicas durante dicho refugio, tratando de proveerle a los venezolanos la dignidad de su nuevo dictador imperial, tal como terminó ocurriendo durante su tardía dictadura (1861-1863). Esto evidencia que las raíces dictatoriales de Chávez y Maduro claramente provienen de las figuras históricas de Bolívar dictador, enfrentándose a Santander, y del Páez caudillo-cuatrero, tras el fracaso del Estado-nación, sin rumbo central ni federal. De allí también la obsesión de Gustavo Petro con el robo de la espada de Bolívar y sus deseos de repetir la historia para un segundo asalto en 2026-2030 bajo la égida de Cepeda, añadiendo este su perfil de comunista atado a la “cortina de hierro” en la que se formó en Budapest.
La importancia del entendimiento geográfico de la fallida “Gran Colombia” es bien resaltada por Martínez a través del gran trabajo que le contratara Páez a Agustín Codazzi en su Comisión Corográfica de Venezuela (1831-1838), produciendo allí el primer “atlas”, inspirado en ideas sembradas por von Humboldt (1769-1859); ver Clavijo (2026, Geografía de aventuras…, Editorial Tirant).
Curiosamente, Páez en Venezuela se adelantó a Colombia, y por mucho, en su visión de Estado-nación a través de estos trabajos geográficos de Codazzi, quien viajó a París en 1840 para guiar la impresión del “atlas” de Venezuela. Pero la dictadura de Monagas, destronando al dictador Páez, le impediría a Codazzi concretarlos. Por esta razón, Codazzi decide impulsar estos proyectos en Colombia a partir de 1849, realizando ocho comisiones (1850-1857) y llegando en su última hasta el Caquetá. No dejen de leer la increíble historia del sacerdote colono Albis, aportando una visión realista de la impenetrable selva y de habitantes de la época que están lejos del prototipo llanero o de la zona cafetera.
Los patricios de Colombia (Vergara y Vergara, Samper, Florentino González, Murillo Toro) develan conocimiento empresarial global y deseos de expandir la frontera agrícola, pero con profundas contradicciones sobre el impacto de la apertura económica en sus negocios artesanales y de haciendas tabacaleras, bananeras y con expansión del café llegando desde Venezuela. También se preocuparon los patricios por impulsar proyectos educativos en Colombia, destacándose los “albergues” y los proyectos agrícolas de inmigrantes alemanes, quienes aportaron tesón y técnica, como en la “Colonia Tovar” en los llanos de Venezuela. Mucho se beneficiarían Acemoglu y Robinson de leer a fondo a Martínez, para cambiar su errada conclusión de que aquí los patricios solo querían mantener “al pueblo” en la ignorancia como forma de dominio.
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