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A veces los líderes no se dan cuenta de que ciertos comportamientos, incluso sin intención, pueden terminar desempoderando a su equipo de trabajo. Esto tiene consecuencias serias: disminuye la productividad, aumenta la rotación y provoca que personas con talento y fortalezas valiosas abandonen la organización al no poder desarrollar su máximo potencial.
Como dice el refrán, “donde manda capitán no manda marinero”, pero ¿qué pasa cuando el capitán desempodera tanto a los marineros que no queda nadie para llevar el barco? Aquí te comparto algunas prácticas nocivas que debes evitar a toda costa si quieres mantener un equipo fuerte, motivado y comprometido.
Primero, minimizar o socavar las decisiones del equipo. Si pides al equipo que tome decisiones, les das las herramientas necesarias y sabes que tienen la capacidad para hacerlo, lo peor que puedes hacer es ignorar esas decisiones y actuar de manera completamente opuesta. Este comportamiento desgasta, rompe la confianza y genera frustración.
Segundo, no empoderar y microgestionarlo todo. Un líder debe entender que no está contratando niños sino adultos competentes. Cuando se hostiga al equipo con micromanagement constante, se limita su autonomía, se bloquea su crecimiento y, tarde o temprano, se pierde su motivación.
Tercero, tratar a las personas como máquinas. Los equipos están formados por seres humanos, no por robots. Ignorar sus necesidades de descanso, saturarlos con reuniones interminables sin respetar horarios laborales o fines de semana, solo conduce al agotamiento (burnout) y a que aumenten las bajas por temas de salud.
Cuarto, no generar seguridad psicológica. Cuando los colaboradores sienten que no pueden preguntar, proponer ideas o cometer errores sin temor a represalias, caminan por la empresa como si fuera un campo minado. La falta de seguridad psicológica daña el clima laboral, inhibe la innovación y disminuye la productividad.
Finalmente, no reconocer ni valorar los logros. La ausencia de reconocimiento es otra forma de desempoderar. Cuando los líderes no valoran los esfuerzos ni celebran los logros, por pequeños que sean, el equipo se siente invisible. Esto apaga la motivación, disminuye el compromiso y hace que las personas pierdan la conexión emocional con la organización. Un “gracias” a tiempo puede marcar una gran diferencia.
No es casualidad que grandes empresas como Google hayan estudiado durante años qué hace que un equipo funcione bien. En su famoso Proyecto Oxígeno, descubrieron que los mejores líderes no son los más técnicos ni los más controladores, sino aquellos que saben escuchar, reconocer, generar confianza y dar espacio a su gente para crecer. En otras palabras, empoderan. Porque al final, un equipo empoderado no solo alcanza mejores resultados: también crea un lugar donde todos quieren estar.
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