.
Analistas 28/01/2021

¿Volverá el soft power?

Paula García García
Conductora Red+Noticias

El mundo empezó a hablar de soft power, o poder blando, en la década de los 90. Joseph Nye, académico estadounidense, acuñó el término que se instaló como estrategia de penetración internacional para algunos países. Sinónimo de atracción y seducción, ese poder menos tangible lo supo ejercer muy bien, en varios momentos, Estados Unidos.

En 2016, justo cuando Donald Trump llegó a la presidencia, la gran potencia ocupaba el primer lugar en el índice “Soft power 30”, el ranking que mide las naciones con mayor poder blando del planeta. Sin embargo, en tan solo tres años, todo cambió. Detrás de Francia, Reino Unido, Alemania y Suecia, de acuerdo con el informe más reciente, el golpeado hegemón se ubica en el quinto lugar. Durante la administración del republicano más irreverente y arrogante de los últimos tiempos, el país del norte cedió importante terreno en la materia.

Es claro que las fichas del ajedrez se movieron para dar paso a nuevos actores de influencia, pero la política no solo es de tácticas también es de emociones y la dupla Biden-Harris lo sabe. Después de la tormenta, ahora prometen ―como lo aseguró el nuevo mandatario en su discurso inaugural― liderar con el poder del ejemplo.

La tarea empezó bien. Tras el cambio de mando se respira un ambiente de esperanza dentro y fuera de Estados Unidos y el clima de confianza lo respaldan los mercados. Todo parecería indicar que recuperar el atractivo perdido en la escena global debería resultar sencillo, no obstante hay que esperar a los hechos.

Mientras a nivel interno el trabajo por recomponer el modelo de sociedad que muchos solían envidiar avanza de a pocos, el verdadero examen que pondrá a prueba la estrategia blanda estará en la política exterior. El manejo que se dé a los vaivenes con Rusia, a los desencuentros con Irán y a la tensa relación con China ―de la que ya se conoce una primera reacción del Departamento de Estado ante las presiones de Beijing sobre Taiwán―, desnudará el real enfoque.

Solo el tiempo dirá qué tanto logró Estados Unidos trascender la herencia del outsider que una vez los gobernó y si, como se espera, los nuevos inquilinos de la Casa Blanca cambiarán el tono. Por lo pronto, hay que prestar especial atención al notable ascenso de Francia y Suecia como ejecutores del soft power. De ocupar el quinto lugar en 2016, los franceses pasaron a la primera posición en 2019 y Suecia, en el mismo lapso, ascendió de la novena a la cuarta casilla. ¡Algo estarán haciendo bien en el arte de seducir sin coaccionar!