Analistas

Una temporada electoral con algunas sorpresas

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Realmente no se están viendo como las elecciones que todos esperaban. Obviamente no son las elecciones que Mitt Romney y los republicanos anticipaban y querían; pero también se están viendo muy distintas a lo que planeaban los demócratas.

Lo que Romney & Co. esperaban era un simple rechazo al presidente Obama debido a la debilidad de la economía. Tal como nos recuerda frecuentemente Greg Sargent, comentarista de The Washington Post, así no es como han salido las cosas. Por un lado, los votantes tienden a reaccionar ante las tendencias recientes, no al nivel absoluto – y la economía ha mejorado en algunos aspectos durante el último año, aunque obviamente no mucho. Por el otro, la gente recuerda la crisis de 2008, por la que todavía siguen culpando a George W. Bush, y sigue dispuesta a dar bastante espacio al Sr. Obama.

Pero conforme las encuestas de opinión se mueven fuertemente en dirección del Sr. Obama (sí, ya sé, no es más que una conspiración liberal que de alguna forma incluso incluye a Fox News), al menos a mí me queda claro que algo más está pasando.

La sabiduría popular – que también creí – decía que los demócratas iban a apoyar al Sr. Obama, pero a regañadientes y sin mucho entusiasmo. Ha habido muchas desilusiones; el aura dorada del 2008 se había extinguido desde hace mucho. Mientras tanto, los republicanos mostrarían su unidad y disciplina de siempre, y en el mejor de los casos vencerían al Sr. Obama por una nariz.

En cambio, los republicanos parecen estar arrastrando los pies – mientras que los demócratas parecen increíblemente unidos y, me atrevo a decir, cada vez más entusiastas.

¿Cómo pasó eso? En parte porque se han vuelto unas elecciones muy ideológicas – mucho más que en 2008. El Partido Republicano ha dejado en claro que tiene una visión muy distinta de cómo debería ser Estados Unidos respecto a la de los demócratas, y éstos se han unido en torno a su causa. Entre otras cosas, mientras no nos dábamos cuenta, las cuestiones sociales se convirtieron en fuente de fuerza demócrata, no de debilidad – en parte porque el país ha cambiado, en parte porque los demócratas finalmente se han hecho del aplomo para defender firmemente cosas como los derechos reproductivos.

Y permítanme agregar una especulación: sospecho que, al final, el Obamacare está resultando ser un gran plus, pese a que siempre ha tenido resultados ambivalentes en las encuestas. El hecho es que el Sr. Obama puede señalar un gran logro que sobrevivirá de resultar reelegido y que perecerá de no ser así. Seguro médico para aproximadamente 50 millones de estadounidenses (30 millones de la Ley de Servicio Médico Accesible y otros 20 millones que perderían cobertura si se materializan los recortes al Medicaid propuestos por Romney/Ryan) basta para curar a la gente de la noción de que no importa quién gana.

Todo esto, a su vez, tiene una implicación que a los republicanos no les gusta – asumiendo que la compañía de encuestas Rasmussen no tenga un conocimiento especial de la verdad negado a las demás encuestadoras y que el Sr. Obama de hecho gane con un sólido margen. La derecha ya está preparada para culpar al pobre Mitt, afirmando que perdió porque no fue suficientemente conservador. Pero eso no es lo que estamos viendo; se ve como si los votantes estuvieran rechazando todo el paquete de la derecha, no sólo al mensajero.

Tal como lo dije, no son las elecciones que todos esperaban – pero son una feliz sorpresa para algunos, y un impacto desagradable para otros.
 

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