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Puntos sin retorno

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Nasa/the New York Times Syndicate

En el ínterin, el senador de Florida Marco Rubio – buena parte de cuyo estado está ahora condenado a hundirse bajo las olas – intervino con respecto al cambio climático. Algunos lectores pudieran recordar que en 2012, Rubio, cuando le preguntaron qué edad creía que tenía la Tierra, respondió: “No soy científico, hombre”. Esta vez, sin embargo, él declaró lleno de confianza que el abrumador consenso científico sobre el cambio climático es falso, aunque en una entrevista posterior fue incapaz de citar fuente alguna de su escepticismo.

Así que, ¿por qué haría el senador una declaración como esa? La respuesta es que como esa capa de hielo, la evolución intelectual de su partido (o quizá más precisamente, su transferencia o delegación) ha llegado a un punto del cual ya no se puede volver, en el cual la lealtad a falsas doctrinas se ha convertido en una crucial insignia de identidad.

He estado pensando mucho últimamente sobre el poder de las doctrinas; cómo el respaldo a un dogma falso puede volverse políticamente obligatorio, y cómo evidencia abrumadora en el sentido contrario solo hace más fuertes y más extremos a ese tipo de dogmas. En su mayor parte, me he estado concentrando en temas económicos, pero la misma historia se aplica con incluso mayor fuerza al clima. Para ver cómo funciona, consideremos un tema que conozco bien: la historia reciente de sustos sobre inflación.

Han pasado más de cinco años desde que muchos conservadores empezaron a advertir que la Reserva Federal de Estados Unidos, al emprender acciones para contener la crisis financiera y darle impulso a la economía, estaba sentando las bases para una inflación descontrolada. Y, siendo justos, no era una locura asumir esa posición en 2009; yo podría haberles dicho que era equivocado (y de hecho, lo hice), pero ustedes podrían ver de dónde venía.

Sin embargo, con el tiempo, a medida que la prometida inflación seguía sin llegar, debería haber llegado un punto en el que los inflacionistas concedieran su error y siguieran adelante.

Sin embargo, pocos lo hicieron realmente. Más bien. En su mayoría redoblaron sus predicciones de ruina, y algunos pasaron a teorizar sobre conspiraciones, alegando que la alta inflación ya estaba ocurriendo, pero estaba siendo ocultada por funcionarios gubernamentales.

¿Por qué la mala conducta? A nadie le gusta reconocer errores, y todos nosotros – incluso los que intentamos no hacerlo – a veces participamos en razonamiento motivado, citando hechos selectivamente para respaldar nuestras preconcepciones.

Pero con lo difícil que es reconocer lo propios errores, es mucho más difícil reconocer que todo tu movimiento político estaba profundamente equivocado. La fobia a la inflación siempre ha estado liada cercanamente a la política de la derecha; reconocer que esta fobia era errónea habría significado conceder que todo un lado de la cisma política era fundamentalmente incorrecto con respecto a cómo funciona la economía. Así que la mayoría de los inflacionistas ha respondido al fracaso de su predicción volviéndose más extremos, no menos, en su dogma, lo cual les dificultará incluso más que admitan alguna vez que ellos, y el movimiento político al que sirven, han estado equivocados desde el principio.

Algo similar está ocurriendo claramente con respecto al tema del calentamiento mundial. Hay, obviamente, algunos factores fundamentales que subyacen al escepticismo del Partido Republicano (GOP) sobre el clima: La influencia de poderosos intereses establecidos (incluido, aunque de ninguna manera limitado a, los hermanos Koch), más la hostilidad del partido a cualquier argumento por la intervención del gobierno. Sin embargo, hay en marcha claramente algún tipo de proceso acumulativo. A medida que se sigue acumulando la evidencia de un clima cambiante, el compromiso del Partido Republicano con la negación tan solo se vuelve más fuerte.

Piensen en ello de esta manera: Alguna vez era posible tomar con seriedad el cambio climático al tiempo que se seguía siendo un republicano con buena posición. Actualmente, escuchar a científicos del clima hace que te excomulguen; de aquí la declaración de Rubio, que fue efectivamente una promesa partidista de lealtad.

Además, posiciones verdaderamente locas se están volviendo la norma. Hace una década, solo el borde extremista del GOP afirmaba que el calentamiento mundial era un engaño creado por una vasta conspiración mundial de científicos (aunque, incluso en esa época, ese extremo incluía a algunos políticos poderosos). Hoy día, esas teorías de conspiración son del dominio popular dentro del partido, y se van volviendo obligatorias rápidamente; cacerías de brujas en contra de científicos que informan de evidencia de calentamiento se han convertido en el procedimiento estándar de operación, al tiempo que el escepticismo sobre la ciencia del clima se está volviendo hostilidad hacia la ciencia en general.

Es difícil ver qué pudiera revertir esta creciente hostilidad a ciencia inconveniente. Como dije, el proceso de transferencia intelectual al parecer ha llegado a un punto donde no hay vuelta atrás. Y eso me asusta más que la noticia sobre esa capa de hielo.

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