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Las guerras de divisas: espeluznantes y mal entendidas por la mayoría

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La gente me ha estado preguntando qué posición tengo respecto a la cuestión de la “guerra de divisas”. Mi respuesta es que todo es una falsa idea, y que sería muy malo que los legisladores se la tomaran en serio.

 

Primero que nada, lo que la gente cree saber sobre las guerras de divisas del pasado de hecho no es cierto. Todo mundo usa alguna frase combinada como “proteccionismo y devaluación competitiva” para describir el supuesto círculo vicioso de la década de 1930, pero tal como lo ha señalado muchas veces el economista Barry Eichengreen, estos términos realmente no combinan. Si el país A y el país B entran a una guerra de tarifas de ojo por ojo, diente por diente, el resultado final es restricción comercial; si intentan hacer bajar su moneda, en el peor de los casos el resultado final es que todo mundo se quede como empezó.
 
Y en realidad, estas “guerras de divisas” casi por seguro son un plus neto para la economía mundial. En la década de 1930 esto fue porque los países se deshicieron de sus grilletes dorados – abandonaron el estándar de oro y esto los liberó para aplicar políticas monetarias expansivas. Ahora esa no es la cuestión; lo que Japón, Estados Unidos y Gran Bretaña están haciendo de hecho es buscar políticas monetarias expansivas, con la depreciación de la moneda como resultado secundario.
 
La política expansiva es lo que necesita el mundo, entonces ¿por qué es algo malo?
 
Cierto, Europa podría sentir que está sufriendo una pérdida de competitividad. Pero hay una respuesta para eso: emular a los demás países avanzados y hacer que el Banco Central Europeo (BCE) se una a la expansión. Efectivamente, si el miedo a un euro sobrevaluado finalmente socava a los vigilantes monetarios del BCE, es bueno para todos.
 
En lo que respecta a depreciación monetaria, en este momento lo único que tenemos que temer es al propio miedo.
 
señales de desesperación
 
En ambos lados del Atlántico los austeritarios parecen estar volviéndose locos. Y eso tiene que ser buenas noticias – un indicio de que comprenden, en cierto nivel, que están perdiendo el debate.
 
Primero, la triste historia del comentarista de TV Joe Scarborough, cuya respuesta a mi aparición anti-austeritaria en su programa ha sido una extraña campaña para convencer al mundo que absolutamente nadie con peso comparte mis puntos de vista.
 
¿Por qué es algo raro? Porque aunque podría estar equivocado respecto al tema de la macroeconomía (aunque no lo estoy), simplemente no es cierto, demostrablemente no cierto, que esté solo al afirmar que los déficits actual y del futuro cercano no sean un problema.
 
Entonces, en el último giro de la historia el Sr. Scarborough ahora cita un artículo escrito en enero por mi colega de Princeton Alan Blinder, quien según él discrepa totalmente con mi postura. Umm. El artículo que cita, en The Atlantic, tiene el siguiente encabezado: : “How to Worry About the Deficit: (1) Don’t; (2) Wait a Few Years; (3) Then Worry About Healthcare Costs”.
 
No es tan distinto a lo que digo. Mientras tanto, Olli Rehn, vicepresidente de la Comisión Europea y firme partidario de la austeridad, ha respondido, en una carta enviada a los ministros de finanzas, a las desastrosas noticias económicas de Europa, que han confirmado las advertencias de los críticos de la austeridad y que han llevado a una revaloración generalizada de los multiplicadores fiscales; pareciera que están principalmente en una trampa de liquidez, justo como algunos lo dijimos. ¿La respuesta del Sr. Rehm? ¡Debemos dejar de sacar estos estudios económicos porque están socavando la confianza en la austeridad!
 
Como dije antes, estas señales de desesperación son gratificantes. Desafortunadamente, esta gente ya ha hecho inmenso daño, y aún conserva el poder para causar mucho más.
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