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La realidad se escapa a los líderes de Europa

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Una publicación reciente en Internet de Kevin O’Rourke, economista de Oxford, me dirigió al Financial Times, que publicó la noticia de que varias autoridades de la Comisión Europea habían emitido indignados tuits contra su seguro servidor. Verán, yo había sido grosero con Olli Rehn, vicepresidente de la Comisión.

 

Y la respuesta de la Comisión ilustra perfectamente por qué hago lo que hago.
 
Lo que nunca se entendería a partir de estos tuits de indignación es que todas mis críticas han sido justificadas. Nunca afirmé que la madre del Sr. Rehn fuera una yegua y que su padre oliera a bayas de saúco; señalé que durante años ha estado prometiendo buenos resultados de la austeridad sin cambiar ni un poco su retórica pese a un desempleo siempre creciente, y que su respuesta a estudios que sugieren efectos adversos de la austeridad más importantes de lo que él y sus colegas habían concedido fue quejarse que esos estudios socavan la confianza.
 
Es revelador que lo que el Financial Times etiquetó de “un ataque particularmente desagradable” de hecho fue mi resumen de la investigación del economista Paul DeGrauwe que indica que la austeridad europea ha sido profundamente errónea, en cuyo curso cité al Sr. Rehn afirmando, otra vez, esa vieja confianza austeritaria.
 
Ahora, es cierto que uso un lenguaje pintoresco – pero lo hago por un motivo. “Las palabras deben ser un poco tempestuosas”, dijo John Maynard Keynes, “puesto que son el ataque de ideas sobre los que no piensan”.
 
Exactamente.
En su blog, el Sr. O’Rourke hace referencia a las “élites encapulladas de Bruselas”, lo que da directamente en el clavo. La dignidad del cargo puede ser algo terrible para la claridad intelectual: alguien puede pasar años parado detrás de un atril o sentado en una mesa de conferencias bebiendo botellas de agua, pronunciando las mismas declaraciones sentenciosas una y otra vez, sin que nadie le señale qué tan abiertamente se ha equivocado en cada etapa del juego. Los que estamos afuera tenemos que hacer todo lo que podamos para romper ese capullo – y el ridículo indudablemente es una técnica útil.
 
Hay un tuit especialmente revelador de un vocero de la Comisión sobre lo “nada impresionable” que yo parecía cuando visité la Comisión en 2009. Indudablemente, no soy un tipo imponente (he vivido la experiencia de ser pasado por alto por gente que supuestamente debía recogerme en el aeropuerto, y eventualmente me han dicho: “esperábamos que fuera más alto”). Y por vida mía que no recuerdo ni una cosa de la visita a la Comisión.
 
Aún así, puede ver qué es lo que esta gente considera importante: de nada importa que  haya demostrado estar o no en lo cierto respecto a los impactos de la política económica. Lo que importa es si su apariencia impresiona. Y seamos claros: esto es importante. La economía europea está en un estado desastroso, lo mismo (y cada vez más) que el proyecto político europeo. Podría pensarse que a los “eurócratas” les preocuparía más esa realidad; en cambio, están enfocados en defender su dignidad de economistas de lengua punzante.
 
“Bushificando” el Berlaymont
Mientras leía lo que decían los tuiteros de Bruselas, noté que tienen un hábito que, para mí, es más inquietante que un poco de incivilidad de cuando en cuando. De hecho, suenan muy parecido a George W. Bush.
 
¿Qué quiero decir? Bueno, una de las cosas verdaderamente terribles de los años de Bush fue la deliberada fusión de la persona sentada en la Casa Blanca con la nación. Si usted criticaba al presidente Bush, entonces era anti estadounidense; si denunciaba la guerra en Irak, entonces estaba atacando a las tropas.
 
Y el alcance de este tipo de argumento parecía ilimitado. Había republicanos que afirmaban que teníamos que apoyar la privatización de la Seguridad Social por motivos de seguridad nacional, porque el presidente lo defendía, y la credibilidad del presidente era esencial para la Guerra Contra el Terrorismo.
 
Por supuesto, todo eso cambió en cuanto un demócrata llegó a la Casa Blanca. Pero fue un ejemplo práctico de la injusticia de confundir el respeto por la institución con respaldo irreflexivo a la gente que dirige la institución.
 
Entonces, veamos lo que están diciendo los tuiteros de Bruselas – principalmente, que un ataque a la errónea doctrina económica de Olli Rehn es un ataque a Europa, y que cualquiera que critique el lío que están haciendo con la política debe ser un estadounidense que odia a Europa. Umm, no.
 
Resulta que soy muy pro europeo; considero que el proyecto europeo – el camino de la paz a través de la prosperidad y la integración – es una de las mejores cosas que le ha pasado a la humanidad durante el último siglo. He visto el buen trabajo que ha hecho Europa para promover la democracia.
 
Mi problema no es con Europa, es con las malas políticas que están despedazando a Europa, y con las autoridades que por cualquier motivo – inflexibilidad intelectual, ceguera ideológica o, sospecho, pura vanidad personal y falta de disposición para admitir haberse equivocado – se han rehusado a considerar cualquier modificación a estas políticas pese a los años de desastrosos resultados.
 
Y los intentos de estas autoridades por envolverse en el manto de la unidad europea son verdaderamente despreciables. 
 
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