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El populismo no es una solución para los problemas de los demócratas

New York Times

Bernie Sanders ofreció recientemente una respuesta: los demócratas “deberían ir más allá de las políticas de identidad”. Lo que se necesita, dijo, son candidatos que entiendan que los ingresos de la clase trabajadora han caído, que “se enfrenten a Wall Street, a las compañías aseguradoras, a las compañías farmacéuticas, a la industria de combustibles fósiles”.

¿Pero hay algún motivo para creer que esto vaya a funcionar? Permítanme presentar algunos motivos para ponerlo en duda.

Primero, un punto general: cualquier afirmación de que el cambio de postura política va a ganar las elecciones supone que el público escuchará esas posturas. ¿Cómo se supone que suceda eso cuando la mayoría de los medios noticiosos simplemente se niega a cubrir la sustancia política? Recuerden que durante el transcurso de la campaña de 2016, los tres programas de noticias de la televisión abierta dedicaron un total de 35 minutos, combinados, a cuestiones de política; temas totalmente de política. Mientras tanto, dedicaron 125 minutos a los correos electrónicos de Clinton.

Más allá de eso, el hecho es que los demócratas ya han estado siguiendo políticas mucho mejores para la clase blanca trabajadora que cualquier cosa que el otro partido pueda ofrecer. No obstante, esto no ha traído ningún beneficio político.

Considere el caso del este de Kentucky, un área muy blanca que se ha beneficiado enormemente de iniciativas de la era del presidente Barack Obama. Tomemos, en particular, el caso del Condado de Clay, que The New York Times declaró hace años que era el lugar donde era más difícil de vivir en Estados Unidos. Sigue siendo muy difícil, pero al menos la mayoría de sus residentes ahora tiene cobertura médica: estimaciones independientes dicen que la tasa de personas no aseguradas cayó de 27% en 2013 a 10% o en 2016. Ese es el efecto de la Ley de Servicio Médico Asequible, que Clinton prometió conservar y prolongar pero que Trump prometió eliminar.

Trump recibió 87% de la votación en el Condado de Clay.

Ahora, pudiera decirse que el seguro médico es una cosa, pero que la gente lo que quiere son buenos empleos. El este de Kentucky solía ser una zona carbonífera, y Trump, al contrario de Clinton, prometió hacer que vuelvan los puestos de trabajo en la extracción de carbón. (Ya está bien con la idea de que los demócratas  necesitan un candidato que defienda la industria de los combustibles fósiles.) Pero es una promesa absurda.

¿A dónde se fueron los empleos de la minería carbonífera de los Apalaches? No se perdieron por la competencia desleal de China o México. Más bien, lo que pasó fue, primero, una erosión de décadas a medida que la producción de carbón estadounidense se trasladaba de la extracción de subsuelo a la extracción a cielo abierto y de montaña, que requieren muchos menos trabajadores: el empleo en la minería carbonífera alcanzó su clímax en 1979, cayó rápido durante los años de Ronald Reagan y se redujo más de la mitad para 2007. Un desplome adicional se presentó en los últimos años gracias a la fractura hidráulica. Nada de esto es reversible.

¿El caso de la región ex carbonífera es excepcional? Realmente no. Al contrario de la caída en el carbón, parte de la disminución a largo plazo en el empleo manufacturero puede atribuirse a los crecientes déficits comerciales, pero incluso eso es una pequeña fracción de la historia. Nadie puede prometer creíblemente que hará que vuelvan los viejos empleos; lo que se puede prometer -y la Sra. Clinton lo hizo – son cosas como cobertura médica garantizada y salarios mínimos más altos. Pero los blancos de clase trabajadora votaron abrumadoramente por políticos que prometen destruir esas ganancias.

Entonces ¿qué fue lo que pasó? Parte de la respuesta pudiera ser que Trump no tuvo ningún problema con decir mentiras sobre lo que podía lograr. De ser así, pudiera haber una reacción violenta cuando los empleos manufactureros y en la minería del carbón no regresen, mientras que el seguro médico desaparezca.

Pero tal vez no. Quizás el gobierno de Trump pueda conservar a sus partidarios, no mejorando sus vidas sino alimentando su sensación de resentimiento.

Pero seamos serios en esto: no se pueden explicar los votos en sitios como el Condado de Clay como una respuesta a discrepancias sobre la política comercial. La única forma de encontrarle sentido a lo que pasó es ver la votación como una expresión de, bueno de políticas de identidad; cierta combinación de resentimiento blanco con lo que los votantes ven como favoritismo hacia personas no blancas (pese a no existir) y enojo por parte de los menos educados contra las élites liberales que según ellos los menosprecian.

Siendo honesto, no entiendo plenamente este resentimiento. En particular, no sé por qué el desdén liberal imaginado inspira mucha más rabia que el verdadero desdén real de los conservadores que ven la pobreza de sitios como el este de Kentucky como una señal de la incompetencia personal y moral de sus residentes.

Sin embargo, una cosa es clara: los demócratas tienen que descifrar por qué la clase trabajadora blanca simplemente votó abrumadoramente contra sus propios intereses económicos, y no pretender que un poco más de populismo va a resolver el problema.