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El misticismo económico perdura

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George Osborne, ministro de Economía y Hacienda, es en muchas formas la respuesta de Gran Bretaña para Paul Ryan, el nominado republicano para el cargo de vicepresidente.

Cierto, es una versión suavizada – no como Ayn Rand, por favor, somos británicos -, pero otros aspectos del paquete están presentes con toda su fuerza: el Sr. Osborne sabe expresarse, tiene una visión completamente discrepante con todo lo que realmente sabemos de macroeconomía, y durante un tiempo fue el querubín no sólo de la derecha sino de los autoproclamados centristas de ambos lados del Atlántico.

La gran idea del Sr. Osborne en 2010 fue que Gran Bretaña debía recurrir a la austeridad fiscal ya, ya, ya, pese a que la economía seguía estando profundamente deprimida; todo saldría bien, insistía, porque el hada de la confianza vendría al rescate.

No importaban esos quejumbrosos keynesianos que decían que la prematura austeridad enviaría a Gran Bretaña a una doble recesión.

Aunque parezca mentira, la recuperación de Gran Bretaña se estancó poco después que el Primer Ministro David Cameron y el Sr. Osborne iniciaran sus nuevas políticas, y el país ahora está en una doble recesión.

Entonces, ¿el Sr. Cameron está reconsiderando su confianza en el Sr. Osborne? No, según el Financial Times. “El Sr. Osborne sigue disfrutando del respaldo de David Cameron y seguirá siendo Ministro cuando el Premier conduzca esta semana su recambio de gabinete, que se espera que suceda el martes”, escribió el editor político George Parker en un artículo publicado el 2 de septiembre.

En lugar de una verdadera revaloración de política, lo que los señores Cameron y Osborbe aparentemente tienen en mente es un paquete de florituras básicamente menores relacionadas con autorizaciones de crédito y planificación, que parecen altamente improbables de marcar cualquier diferencia importante.

No obstante, hay críticas desde el partido conservador – excepto que lo que los disidentes quieren no es regresar a la macroeconomía convencional, sino “terapia de choque de ala derecha”.

Esto me impactó particularmente del artículo del Financial Times: “Aunque el ministro insistió en que la economía estaba ‘sanando’, dijo a Andrew Marr, de la BBC, que había muchos obstáculos por delante, añadiendo que: ‘no hay ningún camino fácil hacia una recuperación mágica’”.

Eso suena sabio y moderado, pero de hecho es completamente erróneo. Gran Bretaña sufre de ausencia de demanda; podría tener una rápida (no mágica) recuperación si se tomaran medidas de política para estimular la demanda. La creencia de que el país no se puede recuperar rápido es lo que constituye el misticismo económico, no la creencia de que sí pueda hacerlo.

Y la recesión – que actualmente ha durado más en Gran Bretaña que la depresión de la década de 1930 – continúa.

Recuerdos de administración Bush

John Updike alguna vez escribió una novela titulada “Memories of the Ford Administration”. En gran parte trataba de sexo en la era “posterior a la revolución sexual pero anterior a los microbios”.

Ésta no trata de eso. Trata de mentiras y de los mentirosos que las dicen.

Pasé gran parte de los años de George W. Bush contendiendo (primero casi solo) la sabiduría popular de que, incluso si no te gustaban sus políticas, el Sr. Bush era un tipo duro y honesto. La verdad es que era profundamente deshonesto – y lo único que se requería para verlo era echar un vistazo a sus propuestas económicas y cómo las vendía. En parte porque ya había llegado a un juicio sobre los asuntos económicos fue como pude ver un patrón muy similar en cómo vendió la guerra de Irak, y concluí – verdaderamente casi, casi solo, al menos en las páginas de los principales periódicos – que nos estaban engañando para invadir otro país. ¿Por qué el Sr. Bush tenía esta reputación de honestidad? Porque parecía ser un tipo agradable y gregario y porque la mayoría de los eruditos no hace un verdadero análisis de políticas.

¡Y vaya que si me atacaron salvaje y personalmente por señalar lo obvio! Realmente fue hasta el Huracán Katrina cuando lo obvio se hizo de conocimiento popular.

El asunto de Paul Ryan se ha sentido muy similar. Una vez más tenemos un obvio estafador – obvio, este es, si de hecho se analizan con detalle son propuestas. Pero durante bastante tiempo el Beltway, una vez más demostrando su infundada confianza en el poder de las impresiones cercanas y personales, no quiso saber nada al respecto.

He escuchado que los sospechosos de siempre estaban muy molestos conmigo por cuestionar su autenticidad.

Está empezando a verse, empero, como si el ciclo de vida del mito de Ryan está resultando ser mucho más corto que la versión de Bush. Incluso la gente que defendía fanáticamente al Sr. Bush y que odiaba a Krugman parece haberse hartado de la rutina del Sr. Ryan, gracias a un discurso deshonesto pronunciado el mes pasado durante la Convención Nacional Republicana.

Y creo que esto es importante. La verdadera base de seguidores del Sr. Ryan no es el Tea Party, sino el “comentariado”; despójenlo de su injustificada reputación de tipo honesto experto en política y simplemente es otro ideólogo de media vida. Efectivamente, su carácter podría convertirse en un tema electoral. Y así debería ser.
 

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