Analistas

Cuídense de las limitaciones del libre comercio

El economista Brad DeLong publicó en su blog una respuesta concienzuda, sosteniendo que los beneficios verdaderamente importantes de la globalización provienen de la difusión tecnológica, lo que hace que sea una fuerza mucho más positiva de lo que yo sugerí.

Yo solía creer lo mismo, y de vez en cuando me descubro pensando en algo parecido. Pero yo sostendría que los economistas, como mínimo, tienen que ser francos sobre las limitaciones del argumento.

Primero, no surge de los modelos. Tal como lo señala DeLong, “el mapa no es el territorio”, pero las suposiciones sobre dichas cosas son, bueno, suposiciones. Hubo un tiempo cuando todo mundo estaba seguro que la industrialización vía la sustitución de importaciones era la clave para el despegue económico, con base en un razonamiento histórico laxo (“¡Estados Unidos y Alemana lo hicieron!”). Después, los países en desarrollo lo probaron masivamente, y los resultados no fueron buenos.

Además, siento que los argumentos no estándares a favor del libre comercio tienden a conllevar, a menudo involuntariamente, un cierto tipo de estrategia de señuelo. A los economistas les encanta hablar de las ventajas comparativas, que es un hermoso razonamiento que va contra la intuición popular. Alan Blinder, profesor de economía de Princeton, una vez dijo que casi todos los economistas estarían de acuerdo en la frase publicitaria: “Hurra por el libre comercio”. Pero la aparente autoridad del argumento a favor de la ventaja comparativa termina siendo trasladada, ilegítimamente, a argumentos a favor del comercio que no tienen nada que ver con la ventaja comparativa. Sí, podría haber externalidades positivas asociadas con el comercio, pero podría haber externalidades positivas asociadas con muchísimas cosas, y los modelos no nos dan ningún motivo especial para pensar que las externalidades asociadas con el comercio sean más importantes.

Entonces, ¿cómo probaríamos dichos argumentos? Bueno, de cierta forma ya lo hemos hecho. A principios de la década de 1990 había una ortodoxia generalizada en el sentido de que las políticas de desarrollo “orientadas hacia afuera” eran mucho más favorables para el crecimiento que las políticas “orientadas hacia adentro”. Esta creencia tuvo mucho que ver con el rápido crecimiento de las economías asiáticas, que habían seguido un camino orientado a las exportaciones en lugar de la sustitución de importaciones probada por gran parte del mundo en los años 50 y 60. Sin embargo, la pregunta era si se vería una aceleración drástica en el crecimiento en otros lugares, como en Latinoamérica, cuando la política se alejara de un enfoque concentrado hacia el interior.

Y la respuesta resultó ser: no tanto. Vea el caso de México, que atravesó un periodo de liberalización comercial radical entre 1985 y 1988 antes de unirse al Tratado Norteamericano de Libre Comercio. El país ha visto una transformación de su economía en muchas formas; ha pasado de ser una economía que no exportaba mucho más allá de petróleo y turismo a una importante potencia exportadora de manufactura. Y el efecto sobre el desarrollo ha sido … decepcionante.

Entonces, DeLong podría estar en lo cierto; pero la evidencia está lejos de ser concluyente. De todas formas, yo sostendría muy enfáticamente que es crucial que los países pobres mantengan abiertos sus mercados. Pero deberíamos ser cuidadosos sobre nuestras afirmaciones con respecto a las virtudes del libre comercio.

Reacción política

El 8 de marzo, el senador Bernie Sanders impactó a muchos observadores cuando ganó las primarias demócratas en Michigan luego de que la mayoría de las encuestas indicara que iba en segundo lugar después de su oponente, Hillary Clinton. El sitio de pronósticos políticos FiveThirtyEight, que había dado a Sanders una probabilidad de ganar inferior a 1%, dijo respecto de la victoria de Sanders: “De acuerdo a la mayoría de las métricas, es el peor error de sondeo en unas primarias en la historia política moderna”.

Muchos analistas atribuyeron parcialmente la victoria de Sanders a su crítica a los acuerdos de libre comercio y la globalización, que tiene resonancia especial en los ex centros industriales de Michigan y el circundante Medio Oeste de Estados Unidos. Sanders ha sostenido que los acuerdos comerciales recientes han enriquecido a los intereses ricos de la nación a costa de los trabajadores promedio.

Cuestiones relacionadas con el comercio también han salido a la luz en la contienda republicana, y Donald Trump, el favorito para la nominación, ha roto con décadas de ortodoxia partidista al criticar abiertamente los acuerdos comerciales.

Adicionalmente, Trump ha propuesto la implementación de aranceles a las importaciones, lo que según cree hará volver a Estados Unidos a los empleos manufactureros.

Michael Hirsh, un comentarista de Politico, sostuvo recientemente que era inevitable el ascenso de personajes como Sanders, que se describe como un “socialista demócrata”, y candidatos nacionalistas como Trump, dados los altos niveles de desigualdad en el ingreso del país, desigualdad que se han exacerbado con las políticas pro globalización.

“La sensación de que todos estamos en el mismo barco como nación, como sociedad común y como política común, ha sido alterada por la globalización”, explicó Dani Rodrik, economista de Harvard, en el artículo de Hirsh. “Ahora se comprende más que los beneficios de la globalización se acumularon desproporcionadamente entre las clases profesionales, los más calificados, los que tuvieron movilidad y acceso a capital”.