¿Qué nos dicen las materias primas sobre la economía global?

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Las materias primas siempre tienen algo que contarnos. Estos activos pertenecientes a las denominadas inversiones alternativas han acompañado de la mano la evolución del ser humano. Tan así, que la primera transacción de este tipo de bienes data del año 4.500 a.C, en Sumeria, considerada la primera civilización del mundo.

Más de 6.000 años después no dejan su importancia, basta con mirar la estructura de las exportaciones de los diferentes países del mundo, las cuales son una fuente importante para el crecimiento de un país. De acuerdo con un informe publicado recientemente por las Naciones Unidas donde se analizaron 189 países durante el periodo 2013-2017, se concluyó que las exportaciones de 54% de los países analizados dependen de la evolución de las materias primas. Esto también permite deducir que la dependencia de las materias primas aún es más común de lo que se cree. El problema, es que esta dependencia está asociada con el subdesarrollo.

Debido a su gran protagonismo también podríamos decir que la evolución de los precios de las materias primas son la fiel representación de lo que sucede y se espera en el mundo, pues sus precios son afectados por eventos geopolíticos, climáticos, sociales, entre otros.

Una de las mejores formas para evaluar su desempeño es a través del ampliamente conocido índice de futuros CRB, el cual fue calculado por primera vez en 1957 por el Commodity Research Bureau y refleja la evolución en los precios de las materias primas categorizadas en energía, metales industriales, metales preciosos, agricultura y “materias primas suaves” como café, cacao, maíz, entre otros.

En lo corrido del año este índice ha tenido un retorno de 7,8%, impulsado por las materias primas que son afectadas en mayor medida por la oferta, como es el caso del petróleo o algunos productos agrícolas. En el caso del oro negro, el temor de una guerra entre Estados Unidos e Irán junto con los recortes en la producción de la Opep+ han impulsado los precios más de 10% en la última semana. Mientras que los productos agrícolas están resultando afectados por las altas temperaturas del verano. Por ejemplo, la fuerte ola de calor en Francia que llegó a los 40 grados centígrados en los últimos días podría llevar a un recorte en 10% de la producción de trigo del país. Mientras permanezcan estas presiones en la oferta, este tipo de materias primas continuarán mostrando un desempeño positivo.

La otra cara de la moneda nos muestra algo distinto. Las materias primas que son impulsadas en mayor medida por la demanda como los metales industriales (cobre, aluminio, acero, hierro, etc) se encuentran sufriendo como consecuencia de la desaceleración global. De acuerdo con un estudio realizado por JP Morgan, se concluyó que por cada punto que pierda el índice PMI Manufacturero global, se traduce en una caída de 5% en el precio de estos metales. Si miramos que ha sucedido desde comienzos de 2018, el PMI ha perdido 4 puntos y los metales industriales han caído cerca de 20% hasta hoy.

Otro movimiento reciente y muy llamativo es el de los precios del oro, pues se han disparado superando el nivel de US$1.400 por onza y acumulan una variación positiva de 10% en el último mes. Existen diferentes teorías que explican este comportamiento. En primer lugar, el oro es un almacenador de valor por excelencia, por lo tanto, expectativas de menores tasas de interés reales lo hace brillar. Por otra parte, es considerado activo refugio y es apetecido en momentos de incertidumbre y debilidad económica. Por último, la expectativa de dólar más débil es un viento de cola adicional.

¿Pero todos estos movimientos que nos quieren decir de la economía global? En primer lugar, el estancamiento en los precios y caída de algunas materias primas es un reflejo de que existen presiones deflacionarias a nivel mundial. Se debe tener presente que las materias primas son consideradas un indicador adelantado de inflación. Algunas de las teorías que se tienen es que este tipo de activos reaccionan rápidamente ante cualquier cambio relevante como un aumento de la demanda o su precio puede reflejar choques importantes tales como catástrofes naturales que afecten el costo de producción.

Segundo, la demanda a nivel mundial es débil como consecuencia de la desaceleración global que permanecerá en lo que resta de 2019 y se ha acentuado por la guerra comercial entre Estados Unidos y China y mientras esto no se solucione será difícil que el mundo levante cabeza, en especial las economías emergentes las cuales son las que más han sufrido desde el inicio de la tendencia bajista en materias primas iniciada en la crisis de 2008. Tercero, la demanda por el oro señala apetito por activos refugio ante la incertidumbre económica global y presiones deflacionarias.

Es posible que el periodo de acumulación de los últimos tres años pueda ser el piso de los 11 años de mercado bajista en las materias primas. Por el momento, aún continua esta tendencia lateral y no se refleja un mejor panorama. Para ello, primero se debe solucionar la guerra comercial entre EE.UU y China. La reducción de tasas de interés por parte de la Reserva Federal debería ser para aliviar e impulse de nuevo el crecimiento económico y no una reacción ante una crisis inminente, ocasionando una debilidad el dólar y confirmando una desaceleración global temporal que repuntaría en 2020. Veremos que nos continúan contando el apasionante mercado de materias primas.

Con colaboración de Diego Agudelo

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