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Analistas 01/04/2021

Los obstáculos de la recuperación

Pascal Rohner
Director de Inversiones de In On Capital

Frecuentemente se ha dicho que 2021 es un año de recuperación global y así lo señalan diferentes estimaciones económicas. Una de las más recientes ha sido la del Banco Mundial (BM) respecto a Latinoamérica y el Caribe (excluyendo Venezuela), dónde estiman que la región crecerá este año 0,4% más de lo estimado a finales de 2020, alcanzando un crecimiento económico de 4,4% para 2021.

Esta revisión al alza es explicada principalmente por dos razones de acuerdo con el BM.

La primera es que el comercio global de bienes se ha mantenido relativamente bien gracias a una pronta recuperación del este de Asia y particularmente de China que se ha reflejado en mayores precios de materias primas, los cuales incluso se encuentran en niveles más altos que los vistos antes de la pandemia, una dinámica que puede continuar debido al fuerte crecimiento económico que estamos viendo al igual que mayores expectativas de inflación.

El repunte de las materias primas es una buena noticia para la región debido a su alta dependencia de ellas y aunque realmente esta es una fragilidad de la región -ya que se encuentra altamente expuesta a choques macroeconómicos- en este momento juega a su favor.

La segunda razón es una menor contracción en 2020 pues se estimaba en -7,9% y gracias a un cuarto trimestre más robusto, la región se contrajo -6,7% en 2020.

Sin embargo, no se puede olvidar que Latinoamérica sigue siendo la región más castigada por la pandemia en términos sanitarios y económicos. De acuerdo con el mismo informe del BM, se puede decir casi con seguridad que Latinoamérica presenta el exceso de mortalidad más alto del mundo -esta medida es la diferencia entre las muertes que suceden en tiempos normales frente a las vistas durante la pandemia- y es una historia que aún no termina.
Basta ver el caso de Brasil dónde el martes pasado se registraron 3.780 muertes por covid en 24 horas, la cifra más alta para el país desde el inicio de la pandemia en marzo de 2020.

Precisamente existen dos situaciones que pueden frustrar las buenas perspectivas que se tienen para la región. La primera es la evolución de la pandemia con las rezagadas campañas de vacunación y la segunda es su eterno verdugo, el dólar.

Respecto al primer punto, de acuerdo con información recopilada del sitio web Our World In Data, el único país de la región que resalta por el momento es Chile donde se estima que 34% de la población ha recibido al menos una dosis, dejando al país austral como líder a pesar de los recientes confinamientos. Seguido por Uruguay, Brasil, Argentina, México y Colombia con 15,8%, 6,6%, 6,6%, 4,8% y 3,2%, respectivamente.

El problema es que las campañas de vacunación avanzan lentamente mientras que una nueva ola de contagios se intensifica como es el caso de Brasil. Situación que no permite una reactivación económica generalizada ya que, aunque el sector de bienes se mantenga, no es suficiente para impulsar a la región, la falta de confianza y control de la pandemia deja de lado la recuperación del sector de servicios como el turismo, parte fundamental en la senda de recuperación.

En segundo lugar y en contra de todo pronóstico, el verdugo de la región ha vuelto a aparecer. En lo corrido del año, el índice del dólar conocido como DXY -el cual representa el comportamiento frente a las monedas de sus principales socios comerciales- se ha fortalecido 3%, pero si se mira las monedas latinoamericanas, estas son unas de las que más han perdido terreno.
De hecho, de las cuatro monedas de mercados emergentes más depreciadas frente al dólar estadounidense en lo corrido del año -la primera es la lira turca con una depreciación del -10,6%, seguida del real brasileño (-10%), el peso argentino (-8,5%) y el peso colombiano (-7,8%)- tres son latinoamericanas.
Detrás de este apetito por dólar se encuentra principalmente el boom económico que se avecina en la primera potencia mundial, donde se espera un crecimiento de más de 7% del PIB en términos reales para el 2021 gracias a un estímulo fiscal sin precedentes y una campaña de vacunación relativamente exitosa.

Claramente una recuperación vigorosa en EE.UU. es una buena noticia por el efecto derrame que termina favoreciendo a otros países, el problema es que el precio a pagar ha sido a través de una subida fuerte en las tasas del tesoro americano a largo plazo y un apetito por dólar para participar en la recuperación americana.

Por otra parte, las tasas de los bonos del tesoro de EE.UU. al ser consideradas la tasa libre de riesgo por excelencia y estar aumentando, lleva a una revaluación de las primas de riesgo dónde los países con mayores desbalances son los más afectados.

Es por ello que la dirección de los tipos de cambio y los activos de los países emergentes los determina el entorno global, pero la magnitud la determina los factores idiosincráticos.

Por ejemplo, Turquía se enfrenta a un problema de confianza debido al constante problema de institucionalidad por la intervención del gobierno en las decisiones del banco central. Brasil, enfrenta una crisis profunda con la pandemia y con presiones fiscales fuertes ya que en los próximos 12 meses se acercan vencimientos de deuda estimados en 15% del PIB y Argentina con sus elevados niveles de inflación, bajas reservas internacionales, alto endeudamiento y un posible nuevo impago explica claramente la situación.

Quizá el caso más llamativo es el peso colombiano el cual se ha depreciado fuertemente reflejando incertidumbres por la nueva reforma tributaria y un ruido electoral que se acentuará hacia finales de este año, pero pareciera reflejar algo de sobrerreacción al tener una situación macroeconómica muy diferente a los países anteriormente mencionados.

Lo que es cierto es que una fortaleza tan pronunciada del dólar genera un efecto negativo ya que los países se vieron obligados a aumentar su endeudamiento para afrontar la pandemia y con monedas más débiles sería más complicado cumplir con sus obligaciones financieras, principalmente en moneda extranjera.

Estos dos eventos inyectan incertidumbre a la recuperación Latinoamericana dónde el Fondo Monetario Internacional señaló hace algunas semanas que Latinoamérica podría enfrentarse a otra década perdida en caso de que las condiciones financieras se deterioren y donde el único camino sería una ayuda más profunda para la región.