Analistas 13/06/2020

Las bolsas versus la economía

El primer semestre del año ha estado lleno de eventos inimaginables que han puesto a prueba la resiliencia de los inversores. Uno de los eventos más llamativos es que después de la abrupta caída de las bolsas a nivel global, que tocó piso el 23 de marzo, se ha dado una recuperación la cual ha sido especialmente pronunciada en la bolsa de estadounidense. De hecho, al 3 de junio el índice S&P500 marcaba su repunte más fuerte en 50 días de la historia, 39,6%, borrando casi todas las pérdidas del año. El miércoles el tecnológico y reluciente Nasdaq 100 cerró por primera vez en la historia por encima de los 10.000 puntos y a pesar de la fuerte caída en el mercado el jueves pasado, aún presenta una variación de alrededor de +10% en lo corrido del año.

Este evento ha llevado a preguntarse por qué se observa una desconexión tan marcada entre las bolsas y la economía real que se enfrenta a su peor crisis en casi un siglo. En efecto, el buró de investigación económica de EE.UU., el cual mantiene una cronología de los ciclos económicos en dicho país, determinó que febrero 2020 fue el mes del pico de la expansión económica que inicio en junio de 2009 y acumuló 128 meses consecutivos de crecimiento, denominándose oficialmente la expansión económica más larga desde que se tiene información (1854).

Para entender este fenómeno, lo primero es tener presente que el mercado en general es un mecanismo de descuento de expectativas, las cuales en los últimos meses han repuntado gracias a las graduales reaperturas económicas alrededor del mundo, un aplanamiento de la curva de contagios a nivel global y un estímulo fiscal y monetario sin precedentes que podría de nuevo encarrilar la economía mundial. No obstante, no existe certeza que será así.

Respecto al estímulo fiscal y monetario, de acuerdo con un estudio realizado por la calificadora de riesgo Fitch Ratings, el estímulo ha sido sorpresivamente desigual. Mientras que las veinte mayores economías desarrolladas suman en agregado un estímulo fiscal de US$7,6 billones (11% del PIB 2019), las economías emergentes apenas alcanzan US$1,2 billones en total. Si se tienen en cuenta el estímulo monetario, las brechas aumentan aún más, pues los programas de compra de activos que se encuentran ejecutando los bancos centrales son impresionantes, donde en EE.UU. se espera que alcance un total del 20% del PIB, en Reino Unido y Canadá del 9% y en la Eurozona podría llegar al 7%. Esto permite deducir que la recuperación será aún más complicada en aquellas economías donde su capacidad de respuesta no es la misma y en efecto el repunte de sus mercados ha sido relativamente menor.

De cualquier manera, el problema es que por ahora las perspectivas económicas no parecen señalar un repunte tan vigoroso como los mercados descuentan. Esta semana se dieron a conocer dos eventos importantes que lo muestran. En primer lugar, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) publicó su informe más reciente de perspectivas económicas a nivel global donde indica que son altamente inciertas debido al enorme daño en la salud de las personas, el bienestar y el mercado laboral.

En este orden de ideas, la Ocde espera que el mundo se contraiga -6% en 2020 y repunte 5,2% en 2021 si una segunda ola de contagios se evita, de lo contrario, se viviría un segundo golpe que agravaría la caída hasta -7,6% con una leve recuperación de 2,8% en 2021. Aquí la conclusión más importante es que para la Ocde, independientemente si se evita o no una segunda ola de contagios, el mundo no volverá a los niveles de producción económica del 4T19 por lo menos en 2 años.

Segundo, el evento más importante de esta semana fue la reunión de la Reserva Federal de Estados Unidos donde las noticias tampoco fueron muy positivas y llevó a que los inversionistas reevaluaran sus posiciones provocando el peor día para las bolsas desde el 18 de marzo.

En esta reunión, la Reserva Federal (Fed) presento sus proyecciones económicas donde esperan que la primera economía del mundo se contraiga -6,5% en 2020 con un desempleo al final del año de 9,3%, el cual es alto, pero considerablemente menor al nivel histórico con cifras a mayo (13,3%, que de acuerdo con fuentes oficiales podrían estar subestimado). Asimismo, la Fed espera no aumentar sus tasas de interés por lo menos hasta el final del año 2022, confirmando que las tasas permanecerán bajas por un largo tiempo y que la economía necesita un gran estímulo para recuperarse, por lo tanto, reafirma su posición de hacer lo que sea necesario para estabilizar el funcionamiento de los mercados y generar la liquidez que se requiera para evitar eventos de estrés como el observado en marzo.

Adicionalmente, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, recalcó la alta incertidumbre que se tiene y que posiblemente la economía no se recuperará en su totalidad hasta que las personas sientan la confianza que el covid-19 no es una amenaza y esto podría ser hasta que exista una vacuna. De hecho, el miedo a una posible segunda ola de contagios debido al aumento de las hospitalizaciones en algunos estados como Arizona y Texas, han afectado el sentimiento. En resumen, el mensaje fue de cautela llevando a los inversores a reajustar sus expectativas.

Teniendo en cuenta lo anterior, el mensaje más importante es que los inversionistas seguirán enfrentándose a un entorno de alta incertidumbre donde eventos de volatilidad serán la constante, más aún cuando dos fuerzas tan importantes chocan, los activos financieros y la economía. Por lo tanto, es importante mantener los portafolios diversificados con activos que protejan el riesgo de caída, pero al mismo tiempo no eliminar los activos de riesgo en su totalidad pues la desconexión se puede mantener soportado en gran medida por el inmenso estímulo monetario y fiscal que posiblemente continuará en los próximos meses.

Así mismo, en un entorno de bajas tasas de interés y volatilidad, es recomendable tener activos que generen principalmente flujo recurrente y no tanto apreciación de capital, más aún después de un rebote tan fuerte. Por último, no olvidar las inversiones alternativas, en especial aquellas que puedan ofrecer retornos que no dependan del comportamiento del mercado.

Con colaboración de Diego Fernando Agudelo López