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El naufragio latinoamericano

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Pascal Rohner - prohner@inoncapital.com

Latinoamérica continúa navegando por aguas turbias y pareciera convertirse en un naufragio.

La región ha luchado por más de cinco años para lograr un mejor desempeño económico pero los choques externos como la crisis del petróleo en 2016, fortaleza del dólar, factores idiosincráticos y, en especial, el fin del boom de materias primas, han sido los verdugos de la región. Y como si hicieran faltarán problemas, la guerra comercial entre EE.UU. y China ya afecta en la región.

Para entender esta incomprensible dinámica, debemos partir mencionando que el 75% del PIB (Producto Interno Bruto) de la región se concentra en cuatro países, Brasil, México, Argentina y Colombia. Por lo tanto, al analizar estos países se podría entender por qué las proyecciones económicas para la región son tan pobres, en especial la que espera el Fondo Monetario Internacional (FMI), que de acuerdo con su más reciente informe de perspectivas económicas, estima un incipiente 0,6% de crecimiento económico para la región en 2019.

Comenzando por Brasil, la mayor economía de la región crecería un tímido 0,8% este año de acuerdo con el FMI. Si esto se llega a cumplir, el país carioca completaría cuatro años consecutivos creciendo por debajo del 2%. No obstante, la crisis que vivió Brasil en 2015 es considerada como una de las más fuertes en su historia moderna. Desde entonces, su recuperación ha sido demasiado lenta. De hecho, si el país continúa creciendo a estas tasas tan bajas, aproximadamente hasta el año 2024 alcanzaría niveles similares de PIB a los vistos en 2014.

Uno de los factores que más ha afectado la recuperación es la inversión. De acuerdo con estimaciones del banco de inversión UBS, durante la crisis de Brasil en 2015 la inversión se contrajo cerca de 30% y hoy en día aún no se recupera. De hecho, la inversión medida como porcentaje del PIB se encuentra en alrededor de 16% frente a un promedio de 18% en los últimos veinte años.

Por otra parte, existen muchas esperanzas sobre Brasil. En especial con la reforma pensional la cual se aprobó en la cámara baja y ahora se encuentra siendo discutida en el Senado para su aprobación definitiva. Esta reforma es muy importante porque de acuerdo con estimaciones del gobierno, Brasil gasta cerca del 13% de su PIB en seguridad social (pensiones), algo que continuará en aumento pues hay personas de 50 años que se pueden pensionar y la población continúa envejeciendo. En caso de ser aprobada, se estima que generaría un ahorro fiscal cercano a los US$251.000 millones en 10 años, los cuales el gobierno podría destinarlos a sectores productivos.

En segundo lugar, la estancada economía mexicana tampoco levanta cabeza. En su última reunión el banco central de México, conocido como Banxico, recortó sus expectativas de crecimiento para 2019. Estiman que la segunda mayor economía de la región crecerá este año entre 0,2% y 0,7%. La mayor preocupación en México es la fuerte caída en la inversión, que de acuerdo con estimaciones de UBS cayó 7,8% en el segundo trimestre del año frente al mismo periodo del año anterior.

Por el lado de las noticias positivas la disminución de la inflación la cual se encuentra en 3,7% con datos a julio -uno de sus menores niveles en las últimas dos décadas- ha dado espacio para que el banco central recorte tasas de interés como lo hizo recientemente hasta un nivel de 8%. Es posible que con el fin de impulsar la economía aun quede espacio para más recortes si la inflación continua su tendencia bajista.

Ahora, es el turno de “el tango de la muerte” como la canción de su famoso cantante Carlos Gardel. Argentina volvió al abismo. Se espera una contracción del PIB de 1,2% en 2019 y el resultado de las elecciones primarias conocidas como PASO que se realizaron el 11 de agosto con el objetivo definir los partidos políticos que se encuentran habilitados para participar en las próximas elecciones presidenciales de octubre, el panorama empeoró. El resultado fue como un balde de agua fría pues el actual presidente y aspirante a la reelección, Mauricio Macri, sufrió una significativa derrota al obtener apenas un 32% de los votos frente al 47,3% de su opositor Alberto Fernández, el cual contempla como fórmula presidencial a Cristina Kirchner. El amplio margen levantó los temores del regreso del Kirchnerismo a Argentina. Al 20 de agosto el peso argentino había caído 20% y el mercado de acciones argentino más de 40%. Las probabilidades de impago se dispararon a más de 75% y todo parecía apuntar a una corrida de capitales.

Al desatarse la crisis, el banco central de Argentina decidió comenzar a utilizar sus reservas internacionales para generar estabilidad y frenar los fuertes desbalances que se desataron. Desde la gran derrota de Macri, las reservas del país han caído cerca de 20% lo que llevó a otra medida de urgencia: el control de capitales. Algo que recuerda el pasado oscuro del país del cono sur, el recordado corralito de 2001 o el control de capitales total impuesto por la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner desde 2011 a 2015.

En todo este caos, se anunció una “reperfilación” de la deuda la cual es casi un hecho y el control de capitales resultará en un respiro temporal para lograr estas medidas. En efecto, aún no es seguro que efectivamente argentina caiga en una cesación de pagos. Claramente el propio gobierno, el FMI que realizó su mayor préstamo de la historia a un país - en este caso a Argentina-, los tenedores de bonos y la población estén dispuestos a vivir algo similar el desastroso impago vivido en el 2001.

Por último, Colombia es la estrella que brilla en el continente pues con datos al segundo trimestre es el país con mejor dinámica de la región, creció 3% en este periodo en términos anualizados impulsado en gran medida por el consumo interno y la inversión los cuales muestran un crecimiento mayor al 4% durante la primera mitad del año.

Con todos estos eventos y perspectivas del 75% del PIB de la región, es muy difícil que Latinoamérica se libre en el corto plazo. Por el momento los cielos siguen oscuros mientras se dan las reformas y los ajustes necesarios. No obstante, las fuertes depreciaciones de las monedas latinoamericanas junto con sus atractivas tasas de interés en un mundo donde 1/3 de los bonos a nivel global ofrecen tasas negativas, son factores que podrían jugar a favor de la región.

Con colaboración de Diego Fernando Agudelo López

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