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Analistas 16/12/2023

Soy maestro: artífice de la Nación

P. Harold Castilla Devoz
Rector General de Uniminuto

Los resultados de las pruebas Pisa, como barómetro educativo, salieron hace poco en su última versión de evaluación estandarizada. Colombia aparece con un promedio estable, superando el latinoamericano, pero aún lejos de los estándares mundiales y de la Ocde.

Ante este panorama, el Gobierno Nacional salió a decir que el sistema educativo había fracasado y, con ello, a establecer una ruta inmediata de intervención a través de diferentes estrategias que hagan posible una mejor evaluación de los niveles académicos de nuestros estudiantes.

Una de las estrategias clave para alcanzar un mejor desempeño académico consiste en el “poder de lo pedagógico”, es decir, la clara convicción de que, si se les da una mejor formación a los profesores a través de un desarrollo significativo, tendremos un valor agregado y de impacto en los estudiantes y sus aprendizajes.

El Gobierno ha prometido que invertirá un monto significativo de recursos en la formación de 25.000 profesores, especialmente para el sector rural y zonas Pdet, con la ayuda del sector mixto de la educación superior, con sus facultades y programas de educación.

Todo este sueño suena esperanzador en un país donde la valoración social de los maestros no ha sido suficientemente asumida como un real camino de transformación social. Ha habido muchos intentos, pero el liderazgo y las políticas públicas de educación pareciera que no han sido desarrolladas con la efectividad requerida para trabajar en beneficio, no de unas pruebas estandarizadas que nos miden en el escenario de un selecto grupo de países pertenecientes de la Ocde, sino que verdaderamente vayan más allá, y logren transformaciones profundas en la intencionalidad formativa-educativa de los estudiantes, en las innovaciones pedagógicas que lleven a niveles de aprendizajes significativos de estos a través de currículos modernos, a la incorporación y apropiación de tecnologías educativas que hagan de los aprendizajes de los estudiantes algo más coherente con el mundo y la cultura digital en la que están inmersos, que exista un verdadero compromiso por formar profesores con vocación de maestros, capaces de liderar proyectos de vida con sentido.

Es necesario que la política educativa colombiana comprenda que las pruebas Pisa son, como lo dijo el experto Pak Tee, profesor asociado del Instituto Nacional de Educación de la Nanyang Technological University en Singapur, “una buena referencia, pero que no son un boletín de notas”.

El compromiso por una mayor seriedad en la política pública de educación en Colombia nos debería llevar a tomar decisiones menos coyunturales y más estructurales para que el sistema educativo se preocupe o, mejor, se ocupe por la formación integral de los niños y jóvenes y no solo de las pruebas Pisa.

No es sólo un tema de competencia entre países, es más una oportunidad para aprender de otros en su manera de cómo lo han hecho y lo están haciendo mejor que nosotros. En este sentido, sí vale la pena aprender y entender el proceso para replicar, y adaptar.

Si el “poder de lo pedagógico”, como lo ha llamado el Gobierno Nacional, es una estrategia clave, vale la pena entonces seguir aprendiendo de los resultados del ranking de la Ocde para cuidar de los maestros de este país.

No es suficiente la formación de los profesores, hay que lograr más, es decir, que esta vocación sea respetable por todos. Ellos deberían ser los artífices de una nación que quiere profundos cambios sociales, que ayudan a construir un mejor país. Se puede decir que los maestros son personas que plantan árboles para que otros se sienten debajo y nadie sepa quién los plantó. Tenemos que asegurarnos de que la gente los respete y entonces podremos obtener una mejor educación.

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