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Analistas 11/11/2023

Desarrollo humano sostenible

P. Harold Castilla Devoz
Rector General de Uniminuto

La Agenda de Educación 2030 es un programa que la Unesco ha recibido como parte de ese movimiento mundial que tiene como objetivo erradicar la pobreza mediante la consecución, de aquí a 2030, de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. La educación, fundamental para alcanzar todos estos objetivos, cuenta con su propio objetivo específico, el ODS 4, que se ha propuesto “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”. Aquí nos insertamos todas las Instituciones de Educación Superior (IES) del mundo, como agencias comprometidas con este sueño de hacer posible una sociedad más justa y sostenible.

Después de la pandemia de 2020 vivimos en medio de realidades que nos desafían y retan a construir un mundo de mayor interdependencia entre humanos con toda la realidad natural del planeta. Algo hemos aprendido, no del todo como quisiera, que a medida que se destruyen los bosques, no solamente se debilitan los ecosistemas, sino que también se debilita la vida humana. En 2020, se estableció la Estrategia 2050, como instrumento de política pública de largo plazo para orientar las acciones nacionales, sectoriales y territoriales que lleven a los países a la carbono-neutralidad y al avance de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Hace apenas algunas semanas atrás, en el seno de la cumbre de presidentes en la ONU se aprobó una declaración política, que incluye compromisos que afectan a la educación superior para marcar el comienzo de una nueva fase de progreso acelerado hacia el logro de los Objetivos y de manera particular el número 4.

El compromiso político de los Estados, miembros de la ONU, versó en una mayor inversión en educación para hacer de esta algo cada vez más equitativo e inclusivo con calidad y oportunidades para todos a lo largo de la vida. Teniendo en cuenta este propósito de la comunidad internacional, es conveniente que nuestro país y territorios promuevan las políticas y los marcos de acción para incorporar un enfoque de desarrollo sostenible en todos los niveles de la educación.

La realidad nos sigue mostrando que la temperatura global promedio de la Tierra ha aumentado alrededor de 1 °C desde finales del siglo XIX, y la mayor parte del calentamiento ha ocurrido en los últimos 35 años. En el informe sobre la biodiversidad de la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (Ipbes) de 2019 se advierte que los recursos naturales (especies en extinción, falta de conservación de los ecosistemas, etc.) están en peligro debido a las actividades humanas que siguen en aumento dado el crecimiento de la población mundial que ya pasa de más de 7.700 millones de habitantes y que tiende a llegar en 2050 a más de 9.000 millones. Nos enfrentamos - en palabras del Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres- a nada menos que a una “batalla por nuestras vidas”.

Todo esto nos lleva a pensar y a exigirnos acciones concretas a través de nuestros paradigmas de etilos de vida y de las decisiones políticas nacionales e internacionales, pensando en nuestra propia supervivencia. La educación debe contribuir de modo decidido y firme a hacer un mundo más sostenible y, por ello, está retada a cambiar a fin de crear un mundo pacífico y de mayor felicidad de las generaciones presentes y futuras. Educar en Colombia para el desarrollo social sostenible con calidad, atendiendo las necesidades del país, es orientar y hacer posible mejores proyectos de vida y mayor desarrollo social.

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