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Colombia tiene más de 5 millones de familias sin vivienda digna. Según Camacol, construimos hasta 173.000 viviendas formales al año y más de 100.000 informales. Cada año el déficit crece. A ese ritmo nunca llegaremos a la paz social.
El Tiempo acaba de confirmar lo que temíamos: ‘Mi Casa Ya’ sigue suspendido desde diciembre de 2024 y su reemplazo, ‘Mi Casa Milagro’, queda en pausa por el terremoto del 10 de agosto. El Gobierno anuncia 7.000 soluciones temporales en arriendo para 16 departamentos. Pañitos de agua tibia para un cáncer que lleva 50 años.
Mientras tanto, Brasil nos da una lección. Lula da Silva reactivó en 2023 su programa ‘Minha Casa, Minha Vida’. Su meta era 2 millones hasta 2026 y la cumplió un año antes. Ya van 2,6 millones contratadas y 1,5 millones entregadas. Ahora amplió la meta a 3 millones e incluyó a la clase media. Allá entendieron que construir casas es construir patrimonio.
¿Por qué Colombia no puede? Sí puede. Y con un modelo mejor. No es gasto. Es inversión rotatoria.
El modelo es simple. Viviendas dignas de máximo $100 millones, de 50 metros construidos en lote de 60, con dos alcobas, baño, sala-comedor, cocina y posibilidad de segundo piso. La misma casa que hizo grande a Colombia hace 40 años, pero ahora con norma sismorresistente y sostenible.
Sin cuota inicial a cargo de la familia beneficiaria. Cuotas fijas de $530.000 a 20 años, al 12% efectivo anual. Una cuota menor al arriendo. De los $100 millones, el Gobierno coloca $50 millones como subsidio. Los municipios ponen lo que tienen y no les cuesta: suelo urbanizado con servicios, producto de la plusvalía. Los otros $50 millones se financian a 20 años. Todo dentro de un fondo inmobiliario que sirva como garantía.
Es la sustitución del arriendo improductivo por una cuota que construye patrimonio.
¿De dónde sale la plata del subsidio? Del propio crecimiento.
Un millón de viviendas mueve $100 billones en cuatro años: $25 billones al año. Ese movimiento genera nuevos impuestos: IVA en materiales, renta, ICA, predial y parafiscales. El cálculo preliminar supera $6 billones anuales. Sin contar el efecto sobre empleo, comercio, ferreterías y proveedores.
El 2,5% del PGN puede ser capital semilla. No dinero que se quema. Un fondo que rota. Las familias pagan y esos recursos vuelven a financiar nuevas viviendas. Pasamos del gasto muerto a la inversión que deja un propietario.
Lula va a hacer 3 millones. Nosotros podemos hacer 1 millón con un fondo que rote y se pague.
No es un millón de casas. Es un millón de PROPIETARIOS. Y con el segundo piso, 2 millones de soluciones y millones de empleos.
Los colombianos ya votamos por seguridad y salud. ¿En cuatro años por qué vamos a votar si no es también por vivienda?
Esa es la verdadera Patria Milagro: que cada hogar colombiano sea dueño de una parte del territorio, por pequeña que sea su propiedad.
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