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Analistas 29/09/2025

Los empresarios, parte de la solución

Núria Vilanova
Presidente de ATREVIA

Una de las grandes áreas de la compañía que dirijo es el posicionamiento estratégico. Y, ahora, tras una semana intensa en la que, como presidenta del Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica, Ceapi, me he reunido con cuatro presidentes iberoamericanos y cuatro secretarios generales de organismos multilaterales (además de participar en un acto de la ONU y en el congreso de Fenalco) constato, definitivamente, que los empresarios tienen un nuevo posicionamiento en la agenda global.

Su función ya no es solo la de producir riqueza. Son parte de la solución a los grandes retos colectivos de hoy: democracia, seguridad o resiliencia productiva.

Vayamos por partes. Cuando gobiernos y empresarios están alineados, los países superan las crisis. Cuando eso no ocurre, crecen desconfianza, malestar y descontento, abonando el terreno a populismos y autoritarismos. Latinoamérica, pese a ser hoy la tercera región más democrática del planeta no es ajena a las amenazas de un mundo donde más de la mitad de la población convive con regímenes no democráticos o democracias en retroceso. Frente a esta realidad, el sector privado es un factor clave de cohesión social y estabilidad política.

Crecimientos económicos por debajo de 4% del PIB o la informalidad laboral -48% en la región y 58% entre los jóvenes, según la OIT- lastran la capacidad fiscal y la calidad de los servicios públicos. Por el contrario, empleo de calidad, marcos regulatorios transparentes o inversiones -la mejor prueba de confianza en un país- son hoy la mejor vacuna contra la polarización.

La pandemia y el cambio climático nos dejan otra lección: sin sector privado no hay capacidad de respuesta. Latinoamérica concentra 25% de los desastres naturales del planeta, pero solo destina 2% de su PIB a fortalecer la resiliencia de sus sistemas productivos. Aun así, ofrece al mundo lo que hoy necesita: seguridad.

No solo cuenta con recursos para abastecer las demandas actuales; posee los bienes que los países necesitan para crecer y avanzar. Hablamos de seguridad energética y sostenible -por sus reservas de recursos naturales y minerales-, de seguridad alimentaria -produce alrededor de 14% de los alimentos del mundo y dispone de 30% de la superficie cultivable global o de la seguridad que supone contar, aún, con un bono demográfico, y una población cada vez más cualificada cuando muchas partes del mundo afrontan graves problemas de envejecimiento.

El cambio de rumbo de la UE es el mejor ejemplo. Ha puesto la mirada en Latinoamérica. Juntas, suman un mercado de 1.100 millones de personas, 25% del PIB y (en estos días es importante recordarlo) 33% de los votos de Naciones Unidas. La entrada en vigor de acuerdos comerciales con Mercosur, México o Chile, más los ya existentes, harán que hasta 94% del PIB regional se beneficie de esa relación preferencial. Y, precisamente, el programa ‘Global Gateway’ de la UE también supone una nueva forma de relacionarse con las empresas como motores de transformación social.

Pero consolidar la posición de Iberoamérica como proveedor de estabilidad y seguridad global requiere del sector privado. El liderazgo de los políticos ya no es suficiente, tiene que estar compartido con los empresarios. Solo juntos, abordaremos esta oportunidad histórica en la que las compañías iberoamericanas, además, pasen de proveedoras a socias integradas en cadenas de valor globales.

Si queremos sociedades más estables y democráticas, con economías resilientes y oportunidades reales para todos, es hora de reconocer a los empresarios como parte de la solución, como aliados de la democracia.

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