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El mundo se acelera. Nuevas tecnologías y nuevos valores revolucionan nuestra forma de informarnos y tomar decisiones. Hemos dejado de ser inocentes. Antes, se daba por sentado que todo lo que salía por televisión era verdad. Hoy, 85% de las personas cree que existe una intención deliberada de manipularlos a través de las redes sociales. Cada vez son más lo que optan por la pobreza informativa; renunciando a los medios de comunicación y sustituyéndolos por familiares y amigos. Así, el WhatsApp pasa a ser su primera fuente de información; siendo el principal motivo para compartir un contenido que nadie verifica que coincida con lo que ellos piensan: un campo abonado para las fake news.
Además, postpandemia y situación geopolítica nos empujan a una crisis social en la que, por primera vez, no podremos decir que siempre vamos a mejor. Y a los líderes les toca aprender a gestionar un escenario inédito de desconfianza e incertidumbre. ¿Cuáles serían las claves de ese liderazgo evolutivo?
Lo más importante es conectar con la realidad, ofrecer respuestas y gestionar los sentimientos más cercanos. Una situación personal me llevó a que un familiar me preguntara: ¿cómo pudiste olvidarte de mí? De esa experiencia aprendí que la obligación de todo líder es evitar que cualquier persona a la que le afecte la actividad de nuestra organización formule esa pregunta. Así frenaremos ese fenómeno (la gran renuncia) que hace que muchos trabajadores, tras la pandemia, reordenen sus prioridades y digan basta. Unos empleados que tiene que estar de nuestro lado, porque además de hacer funcionar la empresa, son sus mejores y más creíbles portavoces.
Además, el liderazgo tiene que ser compartido. Solo sobreviviremos si construimos y actuamos como un equipo plural, diverso, transversal y multidisciplinar, capaz de identificar las inquietudes de nuestros grupos de interés.
Ese liderazgo pasa también por adecuar el propósito corporativo a la actividad de nuestra organización que más conecte con el conjunto de la sociedad: no es lo mismo tener la concesión del servicio de basuras que fomentar el reciclaje y la economía circular. Pero, siempre, con sinceridad. Si la sostenibilidad solo es marketing acaba generando desvinculación y desconexión.
Por último, en una sociedad hiperconectada donde todo sucede en tiempo real, el líder debe saber elegir el momento. No olvidemos que, durante el confinamiento por el covid, la gente pasó de salir al balcón a aplaudir a sanitarios a golpear cacerolas contra los dirigentes. Un liderazgo construido sobre estas bases será capaz de conectar y movilizar comunidades, impulsando procesos de cocreación y haciéndolas parte de nuestro proyecto.
Un ejemplo práctico: hace unos meses, una empleada de Domino’s Pizza denunció en directo sus condiciones de trabajo y abandonó. Nunca podremos evitar esas imágenes, pero sí que se hagan virales. Hubo falta de liderazgo. La compañía reaccionó tarde y mediante un comunicado, cuando la respuesta tenía que haber sido cientos de empleados compartiendo en esas mismas redes el orgullo de trabajar en ese proyecto, proveedores apoyando a la compañía y clientes contentos del servicio que reciben. Eso es movilizar comunidades.
En conclusión, hoy la sociedad no pide a sus líderes que sean perfectos. Pide que a la hora de solucionar problemas sean transparentes y coherentes, diligentes y rápidos, cercanos y empáticos. Y todo pasa por un primer paso: escuchar. Porque, pase lo que pase, sigamos aprendiendo de las personas, la base más sólida de todo liderazgo.
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