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Latam: La mujer, motor económico imprescindible

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En días recientes he tenido el privilegio de estar presente en La Antigua (Guatemala) en la XVI Cumbre Iberoamericana. Y también de asistir al XXII Encuentro Empresarial Iberoamericano celebrado en el contexto de las citas bianuales de los jefes de Estado y Gobierno de nuestra comunidad. He podido participar así del examen que el sector privado realiza cada dos años de los retos que afrontan las empresas y de las recomendaciones que se emiten en el afán de contribuir a impulsar el desarrollo económico y la forja de sociedades más prósperas, justas e inclusivas.

En Antigua, con más fuerza que nunca, los empresarios hemos hecho hincapié en la necesidad de impulsar igualdad de género y empoderamiento económico de la mujer en Iberoamérica como pilares clave para avanzar en la construcción de sociedades más justas, desarrolladas y sostenibles. Muchos son los retos económicos, empresariales y sociales que la comunidad tiene por delante en esta IV Revolución Industrial. Pero hoy quiero destacar los aspectos del rol de la mujer y el de la diversidad.

Durante el XII Encuentro Empresarial, tuve el honor de intervenir en el panel ‘Mujer y poder económico’ para incidir en una cuestión que ha sido protagonista en la cumbre y uno de los ejes de las conclusiones que los empresarios entregaron a los jefes de Estado como aportación del sector privado. Creo, como dije en mi intervención, que Iberoamérica necesita más mujeres en puestos directivos porque las empresas necesitan transformarse. Las soluciones tecnológicas, a la postre, son cuestión de dinero, de inversión. Y tan importante o más es un cambio cultural que se erige como uno de los principales retos de las compañías: cómo ser disruptivo con las mismas personas que nos acompañan en nuestra actividad… En este aspecto, creo que las claves de futuro son diversidad, mujer y edad. Porque es difícil creerse el cambio si la empresa sigue igual.

Las empresas, además, tenemos que tener en cuenta que en nuestro marco coexisten varias generaciones. Y adaptar nuestra realidad como compañías y marcas a algunas de ellas, como la Z, que traen nuevos valores: jóvenes que no transigen con lo que afecte a los derechos humanos, que defienden de forma firme igualdad y medio ambiente. Tuve un ejemplo reciente con mi propia hija, que se negó ir a comprar a una gran cadena de moda alegando que utilizaban trabajo infantil. Después de comprobar en la web que tenían excelentes políticas para evitar que los proveedores pudieran emplear niños en la producción, no se quedó convencida e investigó más: se descargó una ‘app’ y decidió que no compraría porque tenía pocas mujeres en puestos directivos. Como mujer de 18 años comprometida en el movimiento #Metoo, ¿cómo iba a comprar en una empresa para la que la mujer no es importante?

Mi estancia en el inolvidable marco de La Antigua tuvo, además, otro motivo de satisfacción. El Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (Ceapi), que presido, homenajeó a los galardonados con el Premio ‘Enrique V. Iglesias’ al Desarrollo Empresarial Iberoamericano: el argentino Alejandro Bulgheroni y el boliviano Enrique García, que se unen a un selecto club. Este galardón fue entregado en la misma ciudad de La Antigua por su majestad el Rey Felipe VI, a quien desde Ceapi agradecemos inmensamente su respaldo a esta iniciativa y el aliento que siempre nos ha dispensado. Al igual que agradecemos también a la secretaria general iberoamericana, Rebeca Grynspan, su apoyo permanente, inspirador y fundamental.

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