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Latam importa (y mucho) a la UE

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Cuando en una pareja la relación tiene problemas o no marcha bien, cada uno de los integrantes de la misma suele señalar con el dedo acusador al otro como gran responsable. La realidad es que, en la mayoría de ocasiones, existe una responsabilidad compartida. Eso es lo que ocurre, en cierto modo, entre Europa y América Latina.

La UE mantiene ciertos prejuicios y mira con recelo a una región latinoamericana en ocasiones poco confiable por sus problemas de estabilidad política e inseguridad jurídica y ciudadana. Latinoamérica, por su lado, se lamenta de una Europa que vuelve sus ojos hacia EE.UU. o Asia y que coloca en un segundo término a ese ‘extremo Occidente’ que es el mundo latinoamericano. Parece que esa histórica y cada vez más diversificada relación Europa-América Latina subsiste pese a que ambas partes viven, en ciertos ámbitos, de espaldas.

El problema medular de este “matrimonio” es que no existe un plan de vida consensuado y el impulso de comprometerse a edificar una agenda común. No saben muy bien, ninguna de las partes, hacia dónde encaminar la relación y cómo plantear en detalle su futuro. Este déficit en el vínculo sale a relucir en un excelente informe del Real Instituto Elcano, ‘¿Por qué importa América Latina?’, que muestra que la relación tiene bello envoltorio (los vínculos culturales e históricos) y elaborada retórica (la alianza estratégica). Pero que posee escasa concreción práctica al no subrayar factores clave como que Latam abre grandes oportunidades a la UE, como el ‘Viejo Continente’ lo hace a las empresas latinoamericanas.

El informe persigue una meta que suele pasarse por alto: llama la atención a la Unión, a sus instituciones, a sus Estados y a su opinión pública sobre la importancia que tiene Latam para Europa y sus intereses. De hecho, los lazos entre las dos regiones no solo se caracterizan por ser sólidos, sino que van más allá de las relaciones comerciales o culturales. Se trata de que los intercambios más densos (políticos, institucionales, sociales, empresariales, económicos o culturales) son menos perceptibles, aunque son columna vertebral de la relación.

El complejo momento que vive el mundo se convierte en una ventana de oportunidad, antes que un obstáculo, para fortalecer y profundizar la relación. El cambio de matriz económica por la IV Revolución Industrial y las tensiones por la emergencia de tendencias proteccionistas, bien manejados por la UE y Latam pueden servir para acrecentar la colaboración. Sobre todo, en los sectores más punteros y de futuro. Esto produciría un beneficio de ida y vuelta: mejoraría la competitividad latinoamericana. Y repotenciaría a las empresas europeas.

Creo que la relación UE-Latam debe crecer partiendo de los lazos históricos y la comunidad de valores: libertades, democracia y derechos humanos. Pero debemos ser conscientes de que esta base fundamental, pese a su indudable trascendencia, no basta. Es importante fortalecer los intereses compartidos en geopolítica y desarrollo socioeconómico. Europa tiene una oportunidad de oro para mejorar su relación con Latam. Eso requiere más cooperación con Latam en infraestructuras; diversificación y modernización energética; digitalización económica y revolución tecnológica.

Es momento de dotar de más hechos a la relación. Eso es lo que necesita hoy la relación euro-latinoamericana para crecer y madurar, para no quedarse estancada. Adaptando aquella frase de Ortega y Gasset: “Latinoamericanos, europeos, ¡a las cosas!”. Y cuanto antes, mejor.

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