Analistas

Las personas, en el centro de la empresa

Quienes vivimos con pasión la comunicación y nos dedicamos profesionalmente a ella, como es mi caso desde hace ya casi 30 años, sabemos que el cambio ha venido para quedarse. Y no hablo únicamente de una Transformación Digital que es, por supuesto, insoslayable en las organizaciones, sino también de la revolución completa del negocio, de los procesos y de las estructuras que están imponiendo la sociedad tecnológica y las redes sociales.
Las empresas hoy deben asumir que el cambio es imperativo y que, si se quedan quietas, morirán. Y en el centro de estos cambios en las compañías, como protagonistas y embajadores, hay que situar a las personas. Deben estar las personas. Hoy las organizaciones han de fomentar activamente el bienestar corporativo para que el empleado quiera estar, desee quedarse, en la empresa. Esa es la vía más directa para tener éxito en la captación, estimulación y retención del talento. Ya no basta con desarrollar tibias políticas de gestión de Recursos Humanos, ni con diseñar un marco global de acciones tradicionales de Comunicación Interna que luego con el ajetreo diario o la desidia acaban en desuso. Hay que poner en marcha nuevas estrategias, acordes con los tiempos, para asegurar lo más importante de una compañía: sus empleados.
Hoy en día, cada vez se contrata más por valores que por competencias: las compañías se han dado cuenta de que si logran integrar en sus equipos a personas motivadas y afines, personas comprometidas con las cuales la empresa pueda sentir también lazos de afinidad, tendrán mayores probabilidades de lograr que esos colaboradores elijan permanecer en la empresa, incluso si reciben una oferta laboral mejor remunerada. Y se asentará así un pilar fundamental para el desarrollo y éxito de la compañía. Si no queremos que el talento abandone nuestro barco, debemos trabajar para forjar un equipo compacto, ilusionado, que comparta y contribuya a implementar y engrandecer los valores corporativos.
¿Qué ha de hacer la empresa para colocar a las personas en primer lugar? Ante todo, escuchar de manera activa y constante; escuchar para poder medir; escuchar para actuar. Gracias a la escucha la empresa podrá radiografiar más a fondo las actitudes y comportamientos de los equipos; podrá capacitar a los líderes para que refuercen la reputación de la compañía; podrá detectar líderes internos, formales e informales; tendrá más información para tomar decisiones estratégicas de negocio.
La revolución tecnológica ha llegado para quedarse, con su corolario de retos y oportunidades. Uno de sus impactos más evidentes ha sido el normalizar que en una misma empresa sea habitual gestionar a equipos presenciales junto a otros que trabajan en remoto. En distintos países, con diferentes usos horarios. O que los líderes deban gestionar hoy hasta a cuatro generaciones de empleados dentro de la misma compañía, lo que les exige entrenarse para adquirir nuevas habilidades. Se trabaja cada vez más por proyectos, y este hecho está catapultando a los mandos intermedios, que son quienes mejor conocen la habilidad y el potencial de cada persona integrante de su equipo. Las empresas tienen pues el reto añadido de formar y cuidar a sus mandos intermedios para que animen al cambio, gestionen la diversidad y piloten la integración de nuevos modelos de liderazgo.
El desafío para las empresas es inmenso: descubrir y conectar con sus equipos, con sus colaboradores, desde el conocimiento, la experiencia y los valores. Nada más… ¡y nada menos!