Analistas

La renovación en la empresa familiar

Las empresas familiares se enfrentan a los mismos desafíos que el resto de los grupos empresariales, pero también a retos específicos derivados de su propia estructura de capital. Además de crecer, competir en nuevos mercados, controlar los insumos, costes etc., las sociedades familiares deben plantearse la posible financiación en Bolsa, el traspaso de poderes de los actuales patronos a las nuevas generaciones, e incluso la adecuación de las actuales estructuras de gestión a modelos más modernos y eficaces.

De todos ellos, uno de los temas recurrentes, y que más preocupan a los empresarios, es la sucesión, porque es la piedra angular de las empresas que aspiran a perdurar. Llega un momento en que hay que ceder el testigo a las nuevas generaciones y, para que este traspaso se haga sin ningún tipo de trauma, debe prepararse con antelación. Una transición generacional mal planificada puede provocar consecuencias catastróficas, no sólo para la empresa, sino en muchos casos para la propia familia.

Puede pensarse que es un problema que afecta sólo a los dueños y accionistas. Pero no es así, porque la empresa familiar constituye la espina dorsal de las economías iberoamericanas. Se estima que en países como Argentina, Brasil o Chile, el peso de estas sociedades puede ser de entre el 50% y 70% del producto interior bruto (PIB). En España y Portugal, este porcentaje se sitúa entre el 60% y 65%. Además, son empresas más estables que el resto, porque son negocios con visión de futuro y les afectan menos los vaivenes del presente.

De hecho, tan importante es el debate de la empresa familiar y su sucesión, que en la Asamblea Plenaria que el Consejo Empresarial de América Latina (CEAL) celebrará en Madrid, en octubre próximo, se ha incluido una ponencia específica sobre la innovación, el crecimiento y la sucesión en las empresas familiares.

¿Cómo debe afrontarse la sucesión? Lo primero que hay que tener en cuenta es que cada familia constituye un caso único y, por tanto, las soluciones no son iguales para todos. Los principales desafíos a los que nos enfrentamos son la necesidad de mantener el éxito en el negocio, la cohesión de la familia y cuidar adecuadamente la sucesión.

Para ello, lo más importante son los valores de cada familia. Es decir, conceptos tales como el ideario, la ética o la forma de relacionarse con la sociedad, que hacen única a cada familia y la cohesionan.

En realidad, estos valores no deben implicar sólo a sus miembros, sino que los empresarios deben transmitirlos a todos sus colaboradores y empleados. Hablamos, por tanto, de comunicación interna y externa, de valores, de cohesión. Y éstos son la mejor carta de presentación de un empresario en el exterior.

Paralelamente, los empresarios deben ir impregnando estos valores a las nuevas generaciones. Esto, que en el ámbito interno de una familia se hace de forma natural, a través de la socialización de los padres a hijos, en las empresas debe hacerse mediante una metodología que asegure su éxito. Y ello es así porque, en los asuntos relativos a los hijos y negocios, no debemos dejar nada a la improvisación.

La comunicación se convierte entonces en un factor decisivo en la gestión de la sucesión. La mayor parte de los fracasos tienen su origen en una mala comunicación entre los distintos miembros de las familias. ¿Cómo se comunican los valores? ¿Cuál es el marco institucional y de relación con los diferentes grupos de interés? ¿Cuál es el impacto de nuestra actividad en los demás? Por nuestra experiencia en Inforpress, como especialistas en comunicación en empresas familiares, sabemos que una buena estrategia evita conflictos y garantiza el éxito.  De lo que se trata, en definitiva, es de trazar una línea argumentaría que permita alinear conceptos tales como la cultura corporativa, la misión y valores,  la estrategia de negocio y la comunicación para garantizar la viabilidad y perdurabilidad.