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Hoja de ruta empresarial al futuro en Antigua

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Núria Vilanova

Los empresarios iberoamericanos que acudieron a la pasada cumbre de La Antigua tenían una pregunta en mente: ¿cuál debe ser su contribución a la Agenda 2030 para que nuestros países alcancen un desarrollo sostenible? Sobre este eje central giró el XII Encuentro Empresarial, celebrado a mediados de noviembre en el contexto de la XXVI Cumbre Iberoamericana en Guatemala.

La respuesta a esa pregunta se plasmó en un conjunto de recomendaciones donde se reafirma que el rol del sector empresarial pasa por contribuir al esfuerzo por alcanzar ese progreso sostenible. Las conclusiones del encuentro, que reunió a unos 700 empresarios, constataron que Iberoamérica necesita un cambio de carácter integral en su matriz de desarrollo para no quedarse al margen de la IV Revolución Industrial.

El sector empresarial iberoamericano ha asumido como propia la ‘hoja de ruta’ de la Agenda 2030 de la ONU, cuyos Objetivos de Desarrollo Sostenible no son solo de carácter económico, sino que poseen también una vertiente social de combate a la pobreza y la desigualdad. Aspiran a mejorar los marcos institucionales, a integrar las políticas de género y de respeto medioambiental.

Una transformación para convertir las economías de la región en más productivas y competitivas, dirigiendo las inversiones hacia el capital físico y humano, mejorando la logística, apostando por la innovación, la diversificación de exportaciones con valor añadido y vinculando las economías regionales con las cadenas de valor internacional. Unos estados que, en alianza con el sector privado, sean más eficientes y eficaces en la puesta en marcha de políticas públicas y en la promoción de la economía digital y el empoderamiento femenino.

En pleno ascenso de nacionalismos, populismos y proteccionismos, el empresariado iberoamericano respaldó en La Antigua el multilateralismo y la integración regional. El propio Rey Felipe VI animó a “defender que la globalización sea inclusiva” porque la solución a nuestros actuales problemas no es el aislacionismo sino mayor integración: defensa del libre comercio, eliminación de barreras arancelarias y no arancelarias, reducción del exceso de trámites y de la falta de seguridad jurídica.

En definitiva, el reto se sitúa en alcanzar un desarrollo integral, sostenible, inclusivo y abierto al mundo; pero, sobre todo, centrado en las cuestiones sociales y las preocupaciones y anhelos de la población. El objetivo final: recuperar la confianza ciudadana en sus instituciones democráticas y eludir extremismos (nacionalismos y populismos) que, en palabras de la secretaria general iberoamericana, Rebeca Grynspan, “amenazan la estabilidad de nuestra región y sus empresas”.

La agenda empresarial pasa por colaborar en las alianzas público-privadas para contribuir a la modernización de las economías reduciendo informalidad e incrementando la participación del sector privado en las estrategias nacionales. Capítulo especial merece la lucha contra la corrupción y la mejora de la transparencia como principios básicos que debe guiar al sector privado a la hora de emprender y dirigir sus empresas.

La de La Antigua fue realmente una cita con la Historia. No para mirar al pasado que nos une, sino para forjar una alianza iberoamericana con vistas a conquistar el futuro. Ahora queda lo más difícil: convertir los proyectos en realidades tangibles para que el área crezca económicamente a más velocidad y de forma equilibrada y ello redunde en beneficios para la ciudadanía y nuestras sociedades.

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