.
Analistas 17/12/2020

Reflexión de cierre de año: discusión económica en pandemia

Nelson Vera
Economista independiente

A pocos días del cierre del año, vale la pena retomar reflexión sobre la calidad de la discusión económica en pandemia. Creo que economistas no quedamos bien parados. Debemos hacer un mea culpa, pues hemos permitido que el debate se nos deslice hacia una especie de “Pseudo Discusión económica” en los frentes clave fiscales-tributarios, laborales y pensionales.

Nos están ganando la narrativa los argumentos “de moda” de ingresos garantizados-UBIs (inviables fiscalmente), las preocupaciones en el abstracto por el desempleo-informalidad (pero sin ahondar en los detalles de la requerida flexibilización) y pensionales (donde, si no se quiere hacer un marchitamiento de afiliados a Colpensiones, nada se logrará sin ajustes paramétricos en tasas de reemplazo-edad de pensión).

Poco ayudan las discusiones por Twitter, donde el número de “retuiteadas” no es muestra de experticia (cue para ira de “policía” de redes sociales). Con mucho gusto discutimos sobre ideas coherentes, plasmadas en conversaciones-escritos (de más de 280 caracteres).

Es infortunado que la discusión de la política pública hoy se haga a la luz de likes de Twitter, donde prima el “Virtue Signalling” de las redes sociales… Caos. Ese no es el camino.

Siempre será buena la discusión al interior de la profesión y en estos temas económicos es verdad que en muchas ocasiones no tenemos respuestas absolutas. En la mayoría de casos, estamos hablando de gestión de riesgos-escenarios.

Sin embargo, no podemos caer en la falsa sensación de que todos los conceptos-propuestas son discutibles en la persecución de escenarios tipo “Alicia en el país de las maravillas”.

Flaco favor le hacemos a la sociedad. El grueso de la opinión pública queda confundida con una discusión económica excesivamente dividida sobre los conceptos más básicos, dejándola expuesta a la demagogia y el populismo. No es que los economistas nos las “sepamos todas”; sino que, ante este desorden, la sociedad no puede hacer uso adecuado de lo poco que sabemos (ver Blinder, 2018).

Son temas en verdad básicos. Las restricciones fiscales-monetarias son vinculantes en una economía emergente como Colombia, con problemas preexistentes externos-fiscales.

En temas monetarios-financieros, se nos fue buena parte del año discutiendo la supuesta falta de transmisión de la política monetaria a las tasas de interés y al dinamismo-crediticio. En el primer caso, a pesar del inexorable incremento del riesgo, se ha dado relativa transmisión de las reducciones de tasa repo del Banrep a tasas del sistema (con la natural varianza en diferentes modalidades-productos).

Dicha transmisión continuará a lo largo de los usuales horizontes de 12-18 meses. El segundo punto que se olvida en esas discusiones es la elemental prociclicidad del crédito (jugando factores tanto de oferta como de demanda, como lo muestran encuestas del Banrep). Esa no puede ser razón para pedir mayor acción monetaria.

En reforma tributaria, los temas centrales pueden resumirse así: i) menores exenciones de tasa general IVA a 19% (aprovechando ganancias operativas en devolución a población vulnerable); ii) mayor Imporrenta personas naturales (incluida clase media, actualmente cuasi-exenta); iii) taponamiento exenciones Imporrenta firmas, donde probablemente no se alcanza a reducir todo el cronograma hasta tasa de 30% mandado en Ley 2010/2019; y iv) reversas del descuento ICA y similares también de dicha Ley.

Podría discutirse ampliación base impo-riqueza a personas naturales (no tiene sentido volver a discusión firmas) en aras de mayor progresividad, pero ello pocos recursos adicionales proveería.

En temas laborales, son adecuadas las preocupaciones por elevadas lecturas de informalidad-desempleo estructural. El debate serio de estas preocupaciones debe tener el consecuente análisis de sus causas subyacentes de parafiscalidad-sobrecostos no salariales y brechas SML-salario medio y productividad laboral (ver gráfico). No son serias críticas al ministro Carrasquilla por recordarnos estos hechos.

Tampoco luce conveniente el resurgimiento de propuesta de reducción de jornada laboral. Si sabemos que tenemos preocupantes rezagos en la productividad laboral (Que no aumenta por arte de magia)… ¿Qué creen que le ocurrirá al nivel de producción-competitividad si se trabaja menos tiempo?
Finalmente, Economistas debemos alejarnos de nuestra extraña dualidad de ingenuidad-prepotencia.

Prepotentes, porque pensamos que todos estos temas son tan complejos… que la opinión pública es incapaz de entenderlos (no los son. Son relativamente sencillos). Ingenuos, al ignorar que en reformas espinosas prevalece el feasibility político. No es que políticos-sindicatos no entiendan. Está en todo su interés no entender (no comprendo mucho la maña de muchos economistas de tratar de “poner en su lugar” a políticos vía Twitter).

Reitero, las soluciones estructurales a los problemas de vieja data no son nuevas (o “innovadoras” para seguir con los términos de moda). Ellas no se adoptan por su elevado costo político. Ese es el lapo que tenemos que darnos como sociedad. De ello depende no solo encausar una favorable recuperación pos-pandemia, sino el mayor bienestar general en el mediano-largo plazo.