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Cuando una ciudad avanza en la modernización de la infraestructura de servicios públicos, especialmente en proyectos que involucran a miles de usuarios, es natural que surjan preguntas, inquietudes e incluso interpretaciones diversas sobre su alcance. El interés de la ciudadanía por comprender las decisiones que inciden en la prestación del servicio de acueducto es legítimo y bienvenido.
Por ello, en la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá -Eaab- reafirmamos nuestro compromiso con la transparencia, la información clara y el rigor técnico como pilares para fortalecer la confianza de los usuarios.
Recientemente hemos escuchado preguntas sobre el programa de renovación de medidores que adelantamos en la Empresa: la necesidad de hacerlo, los costos asociados, los cambios en la tarifa o las zonas impactadas; son inquietudes que merecen respuestas claras, sustentadas en evidencias técnicas y en el marco normativo vigente.
Quiero comenzar diciendo que la infraestructura del servicio de acueducto no se administra esperando a que falle completamente. Las organizaciones modernas aplican modelos predictivos que permiten anticipar el desgaste de los equipos para intervenirlos en el momento adecuado, apoyadas en estándares internacionales como las normas NTC-ISO 55001 e ISO 55011 para la gestión y el desarrollo de políticas de gestión de activos.
En Bogotá y Soacha, la mayoría de los medidores instalados son de tipo mecánico y al estar sometidos al flujo permanente de agua a presión presentan un progresivo desgaste de sus componentes internos. Con el paso del tiempo y el consumo acumulado, los medidores mecánicos pierden la capacidad de registrar los consumos con precisión, especialmente en bajos caudales, generando en muchos casos un efecto de submedición, que consiste en que el medidor registra volúmenes inferiores a los realmente consumidos por el usuario, y que se puede agravar hasta el punto en que el medidor deje de registrar consumos.
Bajo un enfoque de gestión predictiva y preventiva, la Empresa ha decidido adelantar un programa de reemplazo de medidores, a través del cual busca mejorar la calidad de la medición, evitando que se afecte su confiabilidad; de hecho, países con altos estándares metrológicos, como Alemania y Japón, hacen renovación periódica de medidores cada seis a ocho años.
Otra inquietud que ha surgido se relaciona con quién debe asumir el costo del equipo, y aquí es importante señalar que la Empresa no asume esa responsabilidad. Conforme lo señalado en el artículo 135 de la Ley 142 de 1994, la propiedad de los medidores es de quien los ha pagado, y, si bien en los últimos años en el sector se ha planteado la posibilidad de permitir que el cobro de los medidores se realice a través de la tarifa del servicio público de acueducto, recientemente la Comisión de Regulación de Agua Potable y Saneamiento Básico -CRA- aclaró mediante la Circular 01 de 2026 que el costo del medidor no puede incorporarse en la tarifa del servicio y debe ser cubierto por el usuario.
Nosotros no tomamos decisiones arbitrarias ni trasladamos una obligación propia al ciudadano. Nos ceñimos a cumplir el marco regulatorio, a garantizar el debido proceso y a informar sobre la necesidad de actualizar el medidor, brindando los plazos correspondientes, la posibilidad de adquirir libremente en el mercado un equipo compatible, así como la alternativa de financiación del costo a través de la factura.
Los nuevos equipos que instalamos cumplen estándares de calidad y precisión bajo la regulación metrológica de la Superintendencia de Industria y Comercio -SIC- (Resolución 69940 de 2025) y la norma internacional OIML R-49, que establecen que los medidores deben contar con aprobación de modelo y con evaluación de conformidad, antes de ponerlo en servicio. Además, cada medidor instalado cuenta con un certificado individual de calibración expedido por un laboratorio acreditado bajo la norma ISO/IEC 17025, lo que garantiza la calidad del medidor y la confiabilidad en la medición.
Sobre la factura, es importante aclarar que la tarifa del agua no cambia porque se reemplace el medidor, ésta resulta de la aplicación del marco tarifario expedido recientemente por el regulador (Resolución CRA 1032 de 2026). Lo que hace la nueva tecnología es mejorar la calidad de la medición para que el usuario no pague ni más ni menos de lo que consume.
Respecto a las localidades en las que iniciamos el cambio de medidores, quiero explicar que decidimos hacerlo de manera gradual para gestionar de forma adecuada la logística, el suministro de equipos, la atención a los usuarios y el seguimiento de la instalación. La selección de las primeras zonas de intervención no obedece a que allí estuviesen los peores medidores o que los usuarios fuesen a recibir un trato diferente.
En esta primera etapa renovaremos aproximadamente 319.000 medidores en diferentes zonas de la ciudad, empezando por 11.000 en las localidades de Usaquén, Chapinero y Suba, donde validaremos la operación y la capacidad de atención, monitoreando permanente el avance y haciendo los ajustes que correspondan para cumplir con los objetivos del programa.
Al hablarles sobre modernización metrológica no me refiero solo al medidor instalado en una vivienda, hablo de una herramienta que permite conocer mejor los patrones de consumo de la ciudad, identificar con mayor precisión las pérdidas comerciales, fortalecer la eficiencia operativa del sistema y garantizar que las inversiones destinadas a proteger el recurso hídrico se realicen con información confiable.
Este programa hace parte de nuestra Estrategia de Seguridad Hídrica y su cuarto pilar “gestión de pérdidas”, desarrollado con la Universidad de los Andes para reducir fugas y combatir el fraude, que junto a la renovación de redes, el control activo de presiones y la reducción de pérdidas técnicas, fortalece la medición precisa de consumos para avanzar en la reducción de pérdidas comerciales.
La experiencia internacional muestra cómo las ciudades que invierten en tecnologías de medición más precisas tienen mayores herramientas para gestionar de manera sostenible un recurso cada vez más estratégico para la calidad de vida y el desarrollo de sus habitantes.
En nuestro caso, en un contexto marcado por el crecimiento urbano, el cambio climático y fenómenos como El Niño, contar con información más precisa para planificar el abastecimiento futuro, proteger las finanzas del sistema, fomentar una cultura de uso responsable y fortalecer la capacidad de predicción frente a los desafíos que impone la variabilidad climática, me lleva a asegurarles que medir mejor también significa administrar mejor.
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Estamos empezando una nueva era con De la Espriella. Ojalá entendamos que si al actual presidente le va bien, esto redunda en beneficio