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¿Petro fue un absoluto irresponsable? Sí. ¿Que sus ministros Ocampo, Bonilla y Ávila hicieron cálculos chimbos de recaudos? Sí. ¿Que se escondieron muchos gastos e intereses por pagar? Sí. ¿Que destrozaron a Ecopetrol? Si. ¿Que hubo bacanal con nuestros impuestos? Sí. ¿Que la Contraloría, la Procuraduría y la Fiscalía no hicieran nada y ahora se auto felicitan descaradamente? Sí. Pero llegó el momento, como en casa, cuando el papá les dice a los hijos que pierden materias en el colegio: “Ok, pero ya no más”.
Ya se publicó una primera versión de “El libro de la verdad” y seguro vendrán otras ediciones que producirán más rabia y agrieras, pero para ser realistas sin ingenuidad, de “lo robado” se recuperará muy poco y serán contados en una mano los sujetos implicados que irán a la cárcel. El daño está hecho. Ok, pero ya no más.
Muy bien por el pragmatismo del ministro de Hacienda que puso las cosas claras en el nuevo presupuesto público, así no guste a muchos y otros malinterpreten su osadía de un proyecto más abultado, pero hay que atender y entender su claro raciocinio que solo le bastó sumar y restar bien, pero no se debe olvidar que los congresistas representan a las regiones que los eligieron.
A quienes pregonan con suficiencia que dizque hay que convencer a los mercados por un presupuesto mayor, hay que preguntarles: ¿cuáles mercados? El argumento con el que se presiona una reforma tributaria para aumentar recaudos y enfrentar el déficit es insostenible en la coyuntura, al que el ministro no puede ceder al defender el crecimiento de la economía como opción para que aumenten sus rentas en el futuro porque solo eso es posible con mayor riqueza futura. Ok sí, es patear una parte del problema para luego arreglarlo gradualmente.
El Nobel P. Krugman, dice que “la profesión económica se descarrió porque los economistas, como grupo, confundieron la belleza, vestida con unas matemáticas de aspecto impresionante, con la verdad”. Otro respetado teórico, Robert Lucas, admite que al investigar solo busca ratificar sus puntos ideológicos con los que arrancó. ¿A eso es lo que llaman “disciplina del mercado?”.
El gobierno no puede reducir brutalmente el déficit o recortar de tajo el gasto como uno quisiera, porque el daño sería mucho mayor y no garantizaría más plata para atender las urgencias. Sería el suicidio.
La máxima pregonada por algunos tecnócratas de que gasto público es dinero mal usado que frena la inversión privada, obliga a poner impuestos que perjudican a todos y genera deuda que frena el crecimiento, es producto de una macroeconomía torpe nada sensata. Econofakes la llama el español Juan Torres en un libro sobre las mentiras económicas. Con esa visión inflexible no se puede enfrentar ni la crisis fiscal, ni el terremoto, ni la inseguridad, ni la crisis de la salud.
Hay que ser pragmáticos no dogmáticos. Dos casos: la deuda pública nunca se paga o si no miren a USA, Japón, China, Brasil y Argentina que tiene un pasivo de lejos más alto que Colombia y no están pendientes del “cuentico” del qué dirán los mercados. Otra cosa es hacerla sostenible usándola para hacer más riqueza y no gastarla en burocracia.
El otro asunto es que el déficit fiscal no hay que corregirlo ya pues es una cuenta que pasa y se acumula o des acumula. El faltante que llegó descaradamente a 9% del PIB (unos $180 billones), hay que bajarlo gradualmente así no les guste a los “invisibles” mercados que no dijeron nada en tiempos de la francachela.
Y en eso pueden ayudar muchos los organismos multilaterales en particular el FMI, como lo logró Milei en Argentina al que le prestaron US$20.000 millones con la ayuda de Trump. Todos esperamos que se hubiera hablado de eso en la reciente reunión del presidente con Marco Rubio. Y José Manuel Restrepo hubiera hecho su tarea en Washington para que luego la finiquite el pragmático min hacienda Gómez Martínez. ¡El que lo entendió lo entendió!
El capital no llega por entusiasmo, patriotismo o discursos, sino después de evaluar variables mucho menos atractivas para la conversación pública
El criminal se volvió personaje. El joven no entra solo por miedo; entra porque alguien le mostró un futuro más verosímil que el del Sena, el contrato por prestación o el empleo que no llega