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Analistas 05/11/2022

Se nos ha olvidado cómo ser humanos

Natalia Zuleta
Escritora y speaker

Debo confesar que en las últimas semanas he sentido como nunca el frenesí que se despierta en muchas mentes y corazones humanos. Estamos experimentando una especie de locura colectiva que no podemos normalizar. Y es que si fuéramos a escribir una biografía del mundo contemporáneo seguramente nos enfrentaríamos a un ejercicio agobiante y desesperanzador. Elecciones políticas violentas en Brasil, una guerra en Ucrania que continúa, un puente colgante que cae en la India, una estampida de personas en Halloween que deja cientos de muertos, huracanes y tormentas que amenazan zonas costeras e islas en diferentes regiones del planeta, un país como Colombia enrarecido y perturbado por la subida del dólar, ciudades como Cartagena en las que el 70 de la población vive con menos de una comida al día. Y créanme que lamento empezar mi escrito con esta fuerte narrativa, pero es sin duda es la realidad que vivimos y que nos reclama a gritos replantear nuestra forma de asumir la vida y existir en la tierra. Este inventario es tan sólo una porción de tantos hechos que suceden y que dan cuenta de una revolución en muchas dimensiones del hombre.

Escucho con frecuencia la razonable preocupación por las economías con palabras e indicadores ya conocidos como símbolos de alerta: déficit, recesión, alza, inestabilidad, inflación y desempleo entre otros. Y este panorama no es optimista tampoco. Pero quiero invitarlos a pararnos en un lugar diferente para entender este presente tan dramático e incierto. Por un lado, desde una perspectiva sostenible y espiritual estoy convencida de que lo sucede a nuestro alrededor es el reflejo de todo aquello que llevamos dentro. La inestabilidad climática, económica y política a nivel mundial no son más que el reflejo de todas las tormentas interiores que hemos acumulado los seres humanos a lo largo de nuestra existencia y que nos han llevado a un estancamiento en nuestra evolución espiritual. Hoy más que nunca es evidente cómo vivimos atrapados en nuestros patrones mentales y envueltos en una angustia cotidiana que no sólo genera cansancio e infelicidad, sino que ha ocasionado un preocupante incremento en las enfermedades mentales.

Según la OMS cerca de mil millones de personas sufren algún trastorno de salud mental en el mundo. Y esto es sólo aquellas que han sido diagnosticadas y en algunos casos tratadas. Para mi uno de los mayores peligros de es esa demencia muchas veces no catalogada dentro de una patología médica que lleva a las personas cada vez más a vivir con angustia y desesperanza, a convertir la violencia en una salida y a desconectarse de su potencial espiritual. Estamos en un momento histórico y evolutivo en el que cada vez son más evidentes las heridas no sanadas de la humanidad. Y como también creo que todas las emociones llevan consigo una carga energética que entra a formar parte de una gran conciencia universal, esto ha contribuido a generar un clima de convulsionado cargado de eventos desafortunados en el cual todos estamos inmersos.

Ahora si volvemos al lenguaje de los indicadores económicos, creo que uno de los hechos más preocupantes de la actualidad es el déficit espiritual, representado en una desconexión con nuestras cualidades humanas que nos soportan y nos permiten vivir con felicidad y propósito.

Entre los muchos cambios que debemos hacer para salir de esta locura colectiva además de hacer conciencia, estarían los siguientes:

-Emprender una revolución colectiva para reconectar con nuestro potencial espiritual, curarnos y sanar nuestras heridas.

-Volver a “ser humanos” y aprender a resolver nuestros conflictos desde lugares diferentes a la desesperanza y la violencia

-Ser en vez de estar, trascender en lugar de habitar.

-Florecer en lugar de marchitar

Podrá parecer poético pero para mi este es un camino para entender y abordar la demandante realidad a la que despertamos todos los días.

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