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Natalia Guerra
La tecnología 5G garantiza una mayor velocidad de navegación, menor latencia y consumo de electricidad y permitirá el surgimiento de nuevos modelos de negocios en otras industrias y potenciará las ciudades inteligentes.
Un despliegue exitoso de 5G depende de que el Ministerio fije las condiciones adecuadas en la subasta del espectro. Es necesario que se entregue suficiente espectro, a un precio que se corresponda con la capacidad de pago del operador de menor escala, y así mismo incluir medidas para contrarrestar las fallas competitivas derivadas de la dominancia en el mercado de servicios móviles.
La Comisión de Regulación de Comunicaciones - CRC determinó en 2021, declaró la dominancia en paquetes de voz y de internet móvil (“Servicios Móviles”) y acaba de publicar un informe (agosto 2023) en el que concluye que “que el liderazgo de Claro en el mercado “Servicios Móviles” y en el servicio de internet móvil ha sido estable en los últimos seis años, dado que mantiene participaciones de mercado superiores a 52% en términos de accesos (usuarios) y a 60% en términos de ingresos.”
Dada esta situación es preocupante la falta de medidas asimétricas correctivas pues, de acuerdo con la experiencia internacional, en ausencia de ellas, los operadores dominantes generan un círculo vicioso de dominancia en la que el mercado ya no puede corregirse por sí sólo, sino que se requiere forzosamente la intervención regulatoria con medidas ex ante.
El más reciente es el Estudio de la Ocde sobre Desarrollo rural en Colombia (2022), que recomendó tener en cuenta simultáneamente las consideraciones de cobertura y competencia al diseñar la próxima subasta de 3,5 GHz y asegurar que el alcance de las obligaciones de cobertura no sea un impedimento para que determinados actores pujen en la subasta; y tener en cuenta consideraciones de competencia, dado el dominio de Claro en el mercado de servicios de comunicaciones móviles.
Ante este panorama, para la subasta de 5G el Gobierno Nacional en este proceso debe establecerle un precio diferencial frente al resto de los solicitantes fijando un valor sobre porcentaje de ingresos para pagar el costo del espectro. Esto hará que las obligaciones sean asimétricas y proporcionales de acuerdo al operador dominante, considerando su mayor volumen y sus economías de escala: el precio efectivo por MHz a pagar debe estar relacionado proporcionalmente con los ingresos totales, de forma que los operadores con menor escala paguen menos que el monto que asuma el operador dominante, resultando equitativo en los modelos de negocio el precio efectivo que paguen unos y otros.
Recientemente el regulador mexicano IFT, emitió una recomendación en la que propone reducir los precios del espectro, en función de los ingresos de cada operador, toda vez que para los operadores de menor tamaño a diferencia el agente económico preponderante (América Móvil accionista de Claro), los precios del espectro han creado una desventaja en costos sustancial, que ha afectado los incentivos de los competidores del preponderante para adquirir y mantener espectro, así como su capacidad para competir.
En conclusión, el Gobierno petrista deja enormes problemas como consecuencia de su ineptitud y, además, poco margen fiscal para corregirlos
Hace unas semanas leí sobre Alpha School, un modelo educativo que utiliza inteligencia artificial para personalizar gran parte del aprendizaje académico y dedicar más tiempo al desarrollo de habilidades humanas. No sé si ese será el colegio del futuro. Lo interesante es la pregunta que plantea: ¿qué debemos enseñar cuando el conocimiento deja de ser el principal factor de diferenciación? Durante décadas, la educación tuvo un propósito claro. La escuela transmitía conocimientos y la universidad formaba especialistas. En un mundo donde acceder a la información requería tiempo y esfuerzo, ese modelo tenía sentido. Hoy cualquier estudiante puede pedirle a una inteligencia artificial que explique un concepto, resuelva un problema o resuma un libro en segundos. Si la información dejó de ser escasa, la ventaja competitiva ya no será saber más. Será pensar mejor. Eso exige replantear nuestras prioridades. El pensamiento crítico deja de ser una habilidad complementaria para convertirse en el centro de la educación. No porque las respuestas hayan perdido importancia, sino porque ahora cualquiera puede obtenerlas. Lo realmente valioso será distinguir entre información y evidencia, identificar sesgos, conectar disciplinas y ejercer buen juicio cuando no existe una solución evidente. Los líderes más admirados rara vez son quienes tienen todas las respuestas. Son quienes hacen las preguntas que los demás no habían considerado. Saben simplificar problemas complejos, escuchar perspectivas distintas, cambiar de opinión cuando la evidencia lo exige y decidir aun cuando la información es incompleta. Esas capacidades no pertenecen a ninguna profesión en particular. Son el resultado de una formación amplia, de la curiosidad intelectual y de la disposición a cuestionar incluso las ideas propias. Si la inteligencia artificial obliga a replantear la educación, quizá el mayor cambio no sea tecnológico, sino filosófico: volver a enseñar a pensar. Curiosamente, esta transformación nos acerca a los grandes pensadores del Renacimiento. Estos no entendían el saber como compartimentos aislados. Leonardo da Vinci fue artista, ingeniero, anatomista e inventor porque comprendía que la innovación nace al conectar ideas. Los problemas que hoy enfrentan las empresas tampoco pertenecen a una sola disciplina. La inteligencia artificial, la geopolítica, la transición energética o el envejecimiento de la población exigen integrar tecnología, economía, derecho, psicología y ética. Formar líderes implica mucho más que desarrollar una buena capacidad analítica. También exige aprender a enfrentar la incertidumbre, asumir riesgos y entender que el fracaso forma parte del aprendizaje. Es allí donde se construyen el carácter, el juicio y la resiliencia. La inteligencia artificial puede reducir el esfuerzo necesario para aprender, pero no puede reemplazar las experiencias que forman el carácter. La discusión sobre la educación suele concentrarse en cuánto tiempo pasarán los estudiantes utilizando inteligencia artificial. La pregunta es más bien qué tipo de líderes queremos formar cuando todos tendrán acceso al mismo conocimiento. Las organizaciones y el mundo necesitan personas capaces de razonar con independencia, conectar perspectivas distintas, ejercer buen juicio, convertir la adversidad en aprendizaje e inspirar a otros para resolver problemas complejos. Esa ha sido siempre la esencia del liderazgo, y ninguna inteligencia artificial podrá reemplazarla