Analistas 11/08/2020

Se buscan exportadores e innovadores

Hace cuatro años, en una visita al país, el economista Dani Rodrik recordó cómo el sector floricultor -que el año pasado exportó unos US$1.500 millones-, surgió casi de forma accidental en los años 60 cuando un estudiante de la Universidad de Colorado se propuso determinar cuál era el mejor lugar del mundo para sembrar claveles y exportarlos a Estados Unidos, y descubrió la Sabana de Bogotá.

Después de alcanzar US$60.000 millones en 2012, gracias al ‘boom’ de las materias primas, el país enfrenta el desplome de sus exportaciones, aun sin la crisis actual: menos US$40.000 millones en 2019, y este año podrían caer hasta US$31.000 millones, como en 2016.

Y hoy nuevamente se discute si la raíz del problema es una economía cerrada, como lo ha sugerido Jorge García, del Banco Mundial, quien asegura que hay que reducir el proteccionismo. “Si no hay competencia, la gente no sabe cómo hacer más efectivas las exportaciones. Hoy nuestros deportistas están compitiendo en las grandes ligas, pero los industriales colombianos en mercados de tercera o cuarta categoría”.

Aunque ese punto de vista es respaldado por Ricardo Hausmann, quien lidera la Misión de Internacionalización de la economía creada hace poco, hay voces disidentes, como las de Rodrik o José Antonio Ocampo.

“No es cierto que la economía sea cerrada. Necesitamos una política de exportaciones y desarrollo productivo, no más apertura”, dice Ocampo.

“La economía es la ciencia de las soluciones intermedias, los extremos no sirven; ni la autarquía ni la integración económica total son económica o políticamente viables”, dice Rodrik cuya tesis -simplificada- es que en el país no han surgido nuevas industrias exportadoras por la falta de “emprendedores locos”.

Por eso, Colombia debería superar la discusión sobre los aranceles y preguntarse por qué hemos sido incapaces de desarrollar nuevos sectores exportadores -como la floricultura, el banano ó el de Contact Center y BPO-, y de cara al futuro enfrentar la cuestión fundamental: cómo vamos a insertarnos en la economía mundial (cadenas de valor) para poder importar lo esencial: ideas, bienes y servicios y capital.

Despertar los “espíritus animales” de los los empresarios no va a ser fácil, en un país donde aún no está claro el rol del Estado en esa nueva economía -menos dependiente de las exportaciones de materias primas- y en el que hemos tenido pocos “emprendedores locos” que se atrevan a conquistar el mundo.

“Necesitamos una cultura exportadora”, dice el ministro de Comercio e Industria, José Manuel Restrepo, quien en alguna entrevista recordó cómo, en una asamblea gremial a la que asistió, los empresarios dijeron que exportar era una de sus últimas prioridades.

Pero la buena noticia es que como afirma Xavier Sala i Martín, las grandes ideas empresariales no necesariamente están asociadas a sectores de punta sino también a actividades milenarias como el circo (Circo del Sol), el vestido (Zara), los muebles (Ikea), el vino (Australia) o el café (Nespresso o Starbucks).

“Nestlé no produce sacos de café pero revolucionó mercado porque cambió la forma como se sirve el café; no es un tema tecnológico sino un cambio de visión”, explica un empresario.

Es decir, que todos los países y los sectores pueden y deben innovar para progresar sin tener que reinventar la rueda.